“Esperar y observar”. Así defendió Tolosa la decisión del BCU de mantener la TPM en su nivel de 5,75%, debido a la elevada incertidumbre internacional. “Una política monetaria prudente, en este contexto, consiste en ganar información antes de actuar para calibrar la magnitud de la persistencia de los choques externos”, sostuvo.
El Comité de Política Monetaria (Copom) del BCU se reunió el pasado martes y decidió por unanimidad no mover la TPM, y “valoró que la materialización de mayores presiones inflacionarias provenientes del contexto global dependerá de la persistencia y profundidad del conflicto”. “En este marco, la política monetaria -con las expectativas ancladas en la meta y la inflación en el piso del rango de tolerancia- se encuentra en una posición sólida para enfrentar estos riesgos inflacionarios”, fundamentó el Copom en el comunicado publicado luego de la reunión.
Apuntando a la meta
Un día después, Tolosa brindó una conferencia de prensa para fundamentar la decisión. El jerarca subrayó que el objetivo “inequívoco” del BCU consiste en llevar la inflación a la meta del 4,5%. Si bien reconoció que el dato general se ubicó en marzo en 2,94% (por debajo del piso del rango objetivo), aclaró que la inflación subyacente (que excluye precios volátiles y algunos administrados) se aceleró en el mes.
Destacó que la política monetaria ha contribuido a encauzar la inflación dentro del rango, y comentó que luego del proceso de reducción de la tasa de interés, el peso uruguayo logró desacoplarse de otras monedas de la región, registrando una depreciación mayor frente al dólar.
Asimismo, subrayó que las expectativas de inflación continúan ancladas en la meta, aun pasado un mes del inicio del conflicto en el Medio Oriente, lo que es un hecho histórico para la política monetaria del gobierno. “Cuando los agentes creen en la meta, como es en Uruguay hoy después de mucho tiempo, es muchísimo más probable que la inflación sea sostenible en el tiempo”, afirmó Tolosa.
El jerarca también destacó los fundamentos sólidos de la economía local, así como una amplia primacía de generación eléctrica de fuentes renovables y un récord de ventas de vehículos eléctricos, que limitan el impacto del aumento del precio de petróleo respecto a otros países.
Dos fuerzas opuestas
En tal sentido, las proyecciones del BCU apuntan a una convergencia de la inflación hacia la meta en el horizonte de política monetaria (siguientes 24 meses). En el corto plazo, las presiones del contexto internacional contribuyen a alejar a la inflación del piso del rango en que se encontraba, colaborando así en su regreso al centro de la meta. Sin embargo, Tolosa reconoció que estamos frente a “niveles de volatilidad récord”, lo cual dificulta los pronósticos.
En tal sentido, si los precios del petróleo enfrentaran una tendencia al alza adicional por el recrudecimiento o la extensión del conflicto, ello puede generar presiones inflacionarias más duraderas de las que el BCU prevé y requeriría otro tipo de respuesta por parte de la entidad.
Del otro lado, se observa una dinámica de depreciación del dólar a nivel global que se empieza a asemejar a la del 2025, lo cual traería consigo presiones a la baja sobre el nivel de precios. “Tenemos dos fuerzas operando en direcciones opuestas, con actitudes inciertas en un contexto de alta volatilidad. Esa es la realidad que vivimos”, advirtió el jerarca.