Edición especial 45 aniversario
“Los inversores no vendrán si el mañana no es igual al ayer. Buscan confiabilidad, transparencia, seguridad, y hoy Uruguay no lo ofrece”
En un escenario internacional marcado por la competencia tecnológica, la innovación y la apertura de mercados, Carlos Mazal plantea una mirada crítica sobre los desafíos que enfrenta Uruguay para sostener su inserción global. La fortaleza institucional, la capacidad de innovar y el aprovechamiento de los acuerdos comerciales aparecen como factores decisivos para que el país transforme sus ventajas históricas en oportunidades de desarrollo durante las próximas décadas.
Fecha de publicación: 31/07/2026
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Carlos Mazal, consultor internacional y experto en innovación, propiedad intelectual y gobernanza
Por:
Redacción


Si compara el escenario internacional de hace 45 años con el actual, ¿cuál considera que fue el cambio más profundo en la forma en que los países generan influencia, prosperidad y poder?
Uruguay construyó buena parte de su inserción internacional sobre atributos como estabilidad, institucionalidad y apertura al mundo. ¿Siguen siendo ventajas suficientes o el país necesita desarrollar nuevas fortalezas para las próximas décadas? Esa es precisamente la discusión de fondo. Uruguay enfrenta hoy desafíos regionales y globales completamente distintos a los de hace 45 años. El contexto global ha cambiado y el país necesita, más que nunca, abrirse al mundo y competir utilizando sus ventajas competitivas para insertarse en la economía del conocimiento. Para lograr dicho objetivo debe fortalecer una institucionalidad debilitada, políticamente fracturada en lo interno y sin rumbo aparente. Es un duro diagnóstico, pero es el momento para aceptar una realidad visible y enfrentar el futuro con pragmatismo, puntos de encuentro comunes, menos ideologías perimidas y utopías sesentistas.

Durante años la agenda internacional estuvo dominada por el comercio y la integración económica. Hoy aparecen temas como tecnología, inteligencia artificial, datos, energía, seguridad y cambio climático. ¿Cuáles serán los asuntos estratégicos que definirán la política exterior del futuro?

El comercio sigue siendo un factor fundamental, pero complementado con innovación tecnológica productiva que no es más que la implementación de la ciencia para generar riqueza y bienestar. Si bien Uruguay continuará siendo un país fundamentalmente agropecuario, el porcentaje de biotecnología que genera aún más valor agregado en los principales productos de exportación debe ser incrementado siguiendo la dirección que indica la innovación.  Basta con ver el Índice Global de Innovación 2025 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), donde Uruguay está en el lugar 68, alejado en varios pilares de países de la propia región, pudiendo estar en posiciones más altas si se siguiera el camino de la innovación como lo señalan las bases de datos de patentes de la OMPI y la Oficina Europea de Patentes.

En un contexto de creciente competencia entre grandes potencias y fragmentación geopolítica, ¿cómo puede un país pequeño como Uruguay preservar autonomía, atraer inversiones y ampliar oportunidades para sus ciudadanos y empresas?

Los inversores no vendrán si el mañana no es igual al ayer. Buscan confiabilidad, transparencia, seguridad, y hoy Uruguay no lo ofrece. En gran parte este fenómeno es resultado de las fracturas internas y el mensaje que se envía a los inversores que prefieren “esperar y ver” a arriesgar, cuando sus fuentes de asesoramiento indiquen que el país tiene políticas de inversión confiables y políticas laborales que no interfieran en el desarrollo de sus proyectos. ¿Un ejemplo? Si los puertos no permanecen abiertos y son confiables a largo plazo, los excelentes tratados de libre comercio concebidos y firmados por los distintos gobiernos, y que hablan de continuidad y políticas de Estado, se verán seriamente afectados por los caprichos y arbitrariedad de quienes optan por un sindicalismo “progresista en conserva”.

La economía del conocimiento, la transición energética y la bioeconomía aparecen como grandes tendencias globales. ¿Qué deberes debería hacer Uruguay hoy para posicionarse con éxito en esos sectores durante los próximos 20 o 30 años?

La guía es el libro del maestro Ricardo Pascale, El Uruguay que nos Debemos, y en particular todo lo referido a la inserción en la economía del conocimiento. Uruguay tiene cómo mejorar su inserción si no se politiza la innovación y se mantiene una gobernanza coherente centralizada en Uruguay Innova. 

Si se dispersa, como parece ser, todos perdemos. Hoy los activos intangibles, como la propiedad intelectual, las marcas identificables, las relaciones comerciales y el capital humano son el presente y el futuro. Uruguay puede lograr mucho más si acepta esa realidad y apuesta a lo que hacen aquellos países que han reconocido esa realidad. No es el Uruguay que se quiera sino, primero, el que se pueda.

Mirando hacia adelante, ¿qué oportunidades internacionales cree que el país corre el riesgo de desaprovechar si mantiene las mismas estrategias de inserción que utilizó en las últimas décadas?

Los tratados de libre comercio como Mercosur-UE, el EFTA (Noruega, Suiza, Islandia y Liechtenstein), el futuro Acuerdo Transpacífico (Cptpp por sus siglas en inglés) donde Uruguay es el próximo país en ser considerado, y el que vendrá entre Japón y el Mercosur, nos ponen en una situación privilegiada hacia el futuro, si se manejan bien. Ya hay exportaciones que generan bienestar para exportadores uruguayos en el marco del Mercosur-UE. Falta mucho pero ya hay tracción.

Sin embargo, y además de crisis de los puertos, Uruguay aparentemente apoya la creación de un Santuario Ballenero en 21 millones Km2 del Atlántico que atraviesa su Zona Económica Exclusiva (ZEE) y que permite rerutear el comercio marítimo responsable del 85% del comercio mundial. El Santuario sería manejado por ONGs de la Comisión Ballenera Internacional, organismo reconocido por su disfuncionalidad. El ralentizamiento del comercio para privilegiar el paso de ballenas y otros cetáceos (lo que se puede hacer con tecnologías patentadas), sumado a los desvíos causados por el cierre de estrechos y pasos alrededor del mundo, encarecería el combustible, los seguros, las horas hombre, además de contaminar el ambiente. El cálculo del incremento de los costos solo entre Japón, Brasil, Argentina y Uruguay, se vería aumentado entre US$ 1.300 y US$ 2.600 millones anualmente. A esa cifra se sumaría el comercio con Asia en su totalidad, Europa y Estados Unidos, así como otros socios menores. Se espera que prevalezca la razón ya que los costos eventualmente se trasladarían al consumidor, generando inflación.

Si tuviera que señalar una decisión estratégica que Uruguay debería adoptar ahora para llegar mejor preparado a los próximos 45 años, ¿cuál sería?

Los Tratados de Libre Comercio (TLC) firmados y en proceso, deberían posicionar a Uruguay en una situación prometedora para generar empleos de calidad, riqueza y bienestar para todos sus ciudadanos sin distinción. Ya Uruguay tiene el mérito de ser el país con mejor distribución del ingreso de la región. Sin embargo, los TLC no deben de ser considerados como un instrumento meramente “mercantilista”. El mayor beneficio de los TLC es que obligan al país a ser “mejor”, a cumplir, a mejorar la autodisciplina, a mejorar la calidad de la mano de obra, a impulsar nuevos oficios y profesiones, y a despolitizar un ambiente contaminado.

 

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Carlos Mazal
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