Edición especial 45 aniversario
“La combinación de resiliencia, confiabilidad y capacidad para responder a los cambios es uno de los principales activos del sector”
La transformación de la matriz exportadora posicionó a Uruguay en mercados cada vez más exigentes, pero ese camino ya no alcanza. Más allá de la diversificación lograda en las últimas décadas, el país enfrenta un nuevo desafío: competir en un escenario atravesado por la inteligencia artificial, la sostenibilidad y la reconfiguración del comercio global. Para la presidenta de la UEU, Carmen Porteiro, la apertura de mercados, la innovación y una agenda de competitividad serán determinantes para sostener el crecimiento del país.
Fecha de publicación: 31/07/2026
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Carmen Porteiro, presidenta de la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU)
Por:
Redacción

Si miramos el mapa de destinos y productos de hace 45 años en comparación con el actual, la transformación de la matriz exportadora es impactante. Desde la perspectiva de la UEU, ¿cuál considera que ha sido el hito comercial o el quiebre estratégico más importante que redefinió la inserción del país en el mundo? 

En las últimas décadas Uruguay ha logrado diversificar su matriz exportadora, ampliando los productos que colocamos en el mundo y los destinos a los que llegamos, tanto en bienes como en servicios, con presencia en mercados de alta exigencia. 

El crecimiento y consolidación de sectores como la celulosa, la soja, la madera, productos farmacéuticos, concentrados de bebidas y los servicios globales, dan cuenta de esa transformación y del esfuerzo público-privado para acompañar este proceso. La política de promoción de inversiones es destacada por los inversores como uno de los principales incentivos para radicarse en Uruguay y por lo tanto debemos destacarla como un instrumento que posibilitó la concreción de iniciativas orientadas a la exportación. 

Cabe resaltar la creciente importancia de nuevos mercados como el asiático, que ha tenido un impacto relevante en el cambio de perfil de nuestras exportaciones. 

El desafío es continuar ampliando el acceso a mercados a través de más acuerdos comerciales que nos permitan exportar en igualdad de condiciones con nuestros principales competidores. Para un país pequeño como Uruguay, la inserción internacional no es una opción, sino una condición indispensable para crecer y generar más oportunidades.

El comercio internacional ha vivido olas de proteccionismo, crisis globales y cambios en las reglas de juego. ¿Cuál es la principal fortaleza que el exportador local aprendió a desarrollar para mantenerse competitivo frente a un mundo tan volátil? 

No fue magia. Fue un gran esfuerzo de profesionalización de todas las áreas, dinamismo e inversión constante en recursos, en capacitación y en tecnología para mejorar procesos y estar a la vanguardia. 

El exportador uruguayo ha mostrado una importante capacidad de adaptación. En los últimos años se ha enfrentado a una pandemia, dificultades logísticas, conflictos geopolíticos, adversidades climáticas, entre otras coyunturas desafiantes. En este contexto, la resiliencia es una ventaja competitiva. 

Las empresas han transitado un camino que les ha permitido diversificar mercados, sostener relaciones comerciales de largo plazo, gestionar mejor los riesgos e incorporar innovación. 

La combinación de resiliencia, confiabilidad y capacidad para responder a los cambios es uno de los principales activos del sector exportador uruguayo. 

A esto hay que sumarle la reputación de Uruguay como proveedor serio, confiable, que ofrece previsibilidad política, jurídica y económica. Este activo del país genera oportunidades que muchas veces trascienden las coyunturas. 

La tecnología, los datos y la inteligencia artificial están modificando las cadenas globales de valor. ¿Cómo cree que estas transformaciones impactarán en las exportaciones uruguayas durante los próximos años?

Estas transformaciones representan una enorme oportunidad para Uruguay, que impactará no solo en actividades intensivas en conocimiento, sino también en sectores tradicionales, lo cual nos va a permitir aumentar la productividad, optimizar procesos y ofrecer productos y servicios con mayor valor agregado. 

Para absorber esta oportunidad no solo el sector privado tiene que implementar estos desarrollos, sino que la infraestructura tecnológica del país tiene que permanecer constantemente actualizada. También estar atentos a los riesgos, a los sectores que puedan quedar rezagados y a los aspectos regulatorios que pueden acelerar o ralentizar el desarrollo de los sectores.

La exportación uruguaya ya tiene un importante contenido de tecnología e innovación aplicada, desde la implementación de sistemas de trazabilidad y control de calidad hasta el desarrollo de soluciones digitales, biotecnológicas y de automatización de procesos. Uruguay ya está sintiendo el impacto de estas transformaciones y cuenta con un ecosistema de innovación muy activo.

La competitividad cada vez será más dependiente de nuestra capacidad de innovar y de incorporar conocimiento en los procesos productivos. Para acompañar estas transformaciones tendremos que invertir cada vez más en capacitación, infraestructura digital e innovación para que más empresas, especialmente las pymes, puedan incorporar la tecnología e innovación de forma efectiva. 

Hoy el comercio global no solo exige precio y calidad; ahora el desarrollo se juega en la cancha de la sostenibilidad, la huella de carbono y las exigencias de certificación. ¿Cómo evalúa el punto de partida actual del país para liderar en esta "nueva normalidad" del comercio verde?

Uruguay parte de una posición muy favorable; ya ha transitado un camino importante en lo que respecta a sostenibilidad y cumplimiento de exigencias sanitarias y ambientales, aspectos cada vez más relevantes al momento de exportar. Por ejemplo, en el desarrollo de la matriz de energía renovable, la trazabilidad agropecuaria, las leyes de protección laboral, entre otras. Además hemos sido considerados por la Unión Europea como país de bajo riesgo de deforestación 

Los consumidores y los mercados valoran cada vez más la sostenibilidad, la cual está dejando de ser un atributo diferencial para convertirse, en muchos mercados, en una condición de acceso. Uruguay debe apostar a fortalecer este atributo que termina siendo una ventaja competitiva. 

Tenemos que continuar avanzando en certificaciones, generación de información confiable y reconocimiento de los estándares alcanzados. En este sentido, en la Unión de Exportadores desarrollamos junto al LATU un Sello de Gestión Sostenible, el cual tiene un abordaje ESG (ambiental, social y de gobernanza) y ofrece una metodología para ayudar a las empresas a demostrar el camino que ya han recorrido en estos aspectos y establecer procesos de mejora continua. 

Si tuviera que señalar una decisión estratégica que Uruguay debería tomar hoy para fortalecer su perfil exportador en las próximas décadas, ¿cuál sería? 

La prioridad debería ser profundizar la inserción internacional mediante una sólida estrategia de apertura comercial. Esto conlleva ampliar nuestra red de acuerdos comerciales y tributarios (para evitar la doble imposición), profundizar aquellos que ya tenemos y trabajar en habilitaciones sanitarias, fitosanitarias y técnicas. Aún muchos de nuestros competidores ingresan con mejores condiciones a destinos relevantes, lo que resta capacidad de competir a nuestras empresas. 

Esta estrategia debe estar acompañada con una agenda interna orientada a mejorar la competitividad, que contemple costos de producción, logística y conectividad, infraestructura, simplificación regulatoria, innovación, educación y formación de capital humano y promoción de exportaciones. En particular destaco la educación; lo que pueda fortalecer la exportación a futuro seguramente venga de herramientas o requiera habilidades que aún ni conocemos. Nuestro principal desafío es mantener un sistema educativo global que nos permita que las próximas generaciones estén preparadas para los desafíos, para el cambio, para emprender. 

Al mismo tiempo, es importante continuar fortaleciendo la articulación entre los sectores público y privado para avanzar con mayor agilidad en la apertura de mercados y en la agenda de competitividad interna. 

Exportar más y en mejores condiciones no es simplemente un objetivo del sector, es una condición necesaria para generar mayor inversión, empleo de calidad y crecimiento económico sostenible. 

De cara a las próximas décadas, las cadenas de suministro globales van a mutar radicalmente por la inteligencia artificial, el nearshoring y las tensiones geopolíticas. ¿Cómo debe rediseñar el país su estrategia de inserción para no quedar al margen de los nuevos flujos comerciales?

Uruguay debe continuar consolidándose como un socio confiable, estable y, sobre todo, competitivo, en un escenario internacional cada vez más desafiante. Y esto no es algo que se haga desde un escritorio. Esto requiere la participación de las autoridades, los empresarios, la diplomacia, todos actuando en conjunto para posicionar a Uruguay en mercados donde aún no es conocido. 

Y no nos referimos a destinos remotos o exóticos, sino a reconocer que incluso dentro de Europa todavía no somos suficientemente conocidos.

Tenemos que fortalecer los atributos con los que ya contamos, al tiempo que nos insertamos en las nuevas cadenas de valor con una visión más amplia. Debemos apostar a atraer inversiones, desarrollar plataformas logísticas y tecnológicas, fortalecer las exportaciones de servicios e impulsar la integración entre la industria, la tecnología y el conocimiento. 

Si queremos colocar más producción uruguaya en el exterior, tenemos que combinar la apertura comercial, la competitividad interna, la innovación permanente y un sistema educativo que prepare a nuestros jóvenes de forma completa y flexible. Que los jóvenes se preparen, que mantengamos y superemos nuestros estándares de sostenibilidad y que logremos ser atractivos para el talento internacional. Solo así podremos fortalecer la resiliencia que hemos demostrado y adaptarnos a un mundo cambiante.

 

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Carmen Porteiro
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