¿Qué transformaciones han sido las más relevantes en la economía uruguaya a lo largo de estos 45 años?
En 1981, cuando aparecía la primera edición de Crónicas Económicas, el principal rasgo que caracterizaba a la política macroeconómica era la política de tipo de cambio fijo con deslizamiento preanunciado, conocida como “la tablita”, y se estaba aplicando una política fiscal con claro sesgo expansivo. La conducción económica de la época pregonaba la libertad de mercado y la apertura al intercambio internacional. De hecho, la liberalización comercial y financiera representaba el ancla de la estrategia de inserción internacional. Los aumentos de los salarios y de las jubilaciones eran determinados por decreto y estaba limitado el funcionamiento de los sindicatos.
Hacia 1982 el escenario macroeconómico se modificó de manera drástica. Se abandonó “la tablita”, se dejó fluctuar el tipo de cambio —propiciando una gran devaluación de la moneda nacional—, se produjo un notable incremento de la deuda pública externa, se generó una profunda recesión —que redujo fuertemente los ingresos de la población— y se precipitó una crisis bancaria que afectó a muchas instituciones financieras.
45 años después, la economía uruguaya enfrenta una realidad bien diferente, emergente de un conjunto de transformaciones que han moldeado una estructura productiva, financiera, social e institucional, considerablemente menos vulnerable.
La economía uruguaya ha procesado cambios profundos en materia productiva y en la inserción internacional. La mayor apertura comercial, tanto respecto a los socios regionales como con la economía global, ha redefinido la producción de bienes y servicios. Durante las últimas décadas, se produjo la desaparición de un amplio conjunto de actividades manufactureras —la mayor parte de las cuales se habían desarrollado al amparo de las estrategias de sustitución de importaciones y de promoción de exportaciones—, la expansión de algunas agroindustrias exportadoras, el surgimiento de nuevas actividades exportadoras de servicios de alcance regional y global, y se logró atraer importantes flujos de inversión extranjera directa.
Las fragilidades financieras que afectaron fuertemente a la economía y a la sociedad uruguaya hasta principios del presente siglo, y que estuvieron en el origen de la profunda crisis que atravesamos en el año 2002, se han superado a partir del fortalecimiento de la regulación bancaria, de la creación de un seguro de depósitos y de la adopción de modernos estándares prudenciales y de gestión de riesgos, que contribuyeron a estabilizar el funcionamiento de los servicios financieros locales.
Con posterioridad a la crisis de 2002, el país ha logrado asegurar la permanencia en el tiempo de políticas fiscales y monetarias sólidas y prudentes, lo que ha contribuido a la estabilidad y a la previsibilidad macroeconómica. Uruguay cuenta hoy con una nueva institucionalidad para la política fiscal, que ha fortalecido la gestión de las finanzas públicas y ha contribuido a la sustentabilidad de la deuda pública, permitiendo acceder a financiamiento en los mercados internacionales bajo condiciones muy convenientes. La política monetaria ha logrado mantener la inflación en niveles históricamente bajos, lo que ha favorecido el desarrollo de instrumentos financieros en moneda nacional.
Hoy las relaciones laborales se desarrollan en el marco de una moderna normativa de negociación colectiva, que abarca tanto al sector público como al privado. La política de ingresos, junto al fortalecimiento presupuestal de políticas y programas que priorizaron la atención de los sectores más vulnerables de la población, le han permitido a nuestro país recorren un sendero de reducción de la pobreza y nos han vuelto a posicionar entre los países de América Latina con mejores indicadores distributivos.
Desde el restablecimiento de la democracia en 1985, los sucesivos gobiernos han implementado reformas estructurales que transformaron las políticas públicas en áreas fundamentales, como salud, educación, seguridad social y vivienda. Desde la conducción económica se han producido mejoras en el sistema tributario, en las políticas para la atracción de inversiones, en la promoción de la competencia, en la regulación de los servicios públicos y en la generación de condiciones más propicias para la innovación y la mejora de la competitividad.
¿Qué lecciones dejó este proceso de transformación para el futuro?
Las lecciones que pueden extraerse de la experiencia uruguaya de las últimas décadas están estrechamente relacionadas con dos ejes argumentales.
El primero es que el magro desempeño productivo y la inestabilidad macroeconómica que caracterizaron el funcionamiento económico de nuestra economía durante la segunda mitad del siglo XX, pueden superarse con éxito a partir de una estrategia nacional que priorice la construcción de instituciones sólidas y que cree un contexto propicio para el diseño y la implementación eficaz de reformas estructurales que remuevan las barreras que limitan el desarrollo económico y social del país.
El segundo es que para un país de la dimensión económica y de las características socio-demográficas de Uruguay, las posibilidades de sostener en el tiempo elevados registros de crecimiento a medio y largo plazo dependerán de la inserción de nuestra producción en los mercados de exportación.
¿Qué necesita Uruguay para lograr un crecimiento sostenido y, a la vez, mejorar la calidad de vida de su población?
La capacidad de la economía uruguaya de crecer de forma sostenida y de elevar el bienestar de la población sigue estando asociada a la acción conjunta y combinada de incrementos en la productividad, tanto en los sectores expuestos a la competencia internacional como a los orientados al mercado interno, y de la existencia de políticas sociales y de ingresos que establezcan las bases para que los frutos de la expansión de la actividad económica puedan convertirse en mejoras generales de las condiciones de vida de la población.
Si Uruguay aspira a alcanzar tasas de crecimiento económico superiores a las que se han venido registrando durante la última década, y a mejorar su inserción en un mundo crecientemente competitivo y dominado por espectaculares transformaciones tecnológicas y por profundos cambios en las relaciones laborales, se deben conjugar esfuerzos de inversión en infraestructuras, en mejora de los procesos productivos, en innovación y en la acumulación de capital humano. Estos esfuerzos suponen alinear las políticas públicas, no solo las más directamente relacionadas con la economía, con las posibilidades reales y potenciales que tiene la iniciativa privada para incursionar en actividades que puedan expandirse en los mercados externos.
¿Cuáles son los principales desafíos de la economía uruguaya?
Los retos que enfrentan las empresas uruguayas en materia de competitividad internacional se encuentran relacionados de manera directa con la capacidad de incrementar la productividad y de producir bienes y servicios con los estándares de calidad que están moldeando las relaciones comerciales en el mundo.
Las actuales tendencias muestran que el avance de la productividad no puede limitarse a incrementar la producción por trabajador o por hora trabajada. Para una economía como la uruguaya, que cuenta con una formidable dotación de recursos naturales renovables, la preservación del medio ambiente, la trazabilidad y la inocuidad de la producción de alimentos y la calidad de las relaciones laborales, deben asumirse como componentes fundamentales de la estrategia de inserción en la economía global. Hoy en día los consumidores no solo buscan comprar barato, sino que prefieren y valoran que los bienes y servicios que consumen hayan sido producidos a partir de tecnologías y procesos productivos compatibles con el desarrollo sostenible.
Por último, queremos saludar a Crónicas Económicas por el trabajo realizado durante los últimos 45 años y alentarlos a seguir contribuyendo al análisis y a la mejor comprensión de los desafíos que enfrentan la economía y la sociedad uruguaya para continuar progresando.