Edición especial 45 aniversario
 “Primero que nada somos una empresa de servicio; y brindamos un servicio esencial"
A lo largo del tiempo, Cutcsa ha acompañado la expansión de Montevideo, la transformación tecnológica del transporte y los cambios en la forma de moverse de los uruguayos. Para Juan Pablo Salgado, el próximo gran desafío pasa por consolidar la movilidad eléctrica, recuperar competitividad frente a los nuevos hábitos de movilidad de la población y asumir un rol más activo en el diseño de ciudades más conectadas, eficientes e inclusivas.
Fecha de publicación: 31/07/2026
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Juan Pablo Salgado, presidente de Cutcsa
Por:
Redacción

Miremos unos cuántos años para atrás, en una época que quizás lo tuvo a usted como usuario del transporte público siendo aún muy joven. ¿Cuál considera ha sido el salto tecnológico o de gestión que más impactó en la calidad del servicio y en la rutina de los usuarios de Cutcsa?

Si tuviera que señalar un cambio, diría que la modernización integral del transporte y de la flota. A veces nos quedamos con algunos preconceptos, como que hace 40 o 50 años se viaja igual y que las cosas están más o menos como siempre. Sin embargo, el transporte ha cambiado muchísimo en todo este tiempo.

Primero cambió la ciudad. Cambiaron los lugares por donde circulan los ómnibus, cambiaron las dinámicas de la gente y aparecieron centralidades que antes no existían. El transporte acompañó esos cambios y, en algunos momentos, incluso los impulsó. Hoy eso se observa con mayor claridad en la expansión que han tenido Montevideo y el área metropolitana. Muchas veces primero se expanden las zonas urbanas y después se buscan las maneras de brindar servicios a quienes viven allí, entre ellos el transporte.

Cutcsa fue partícipe de todo ese proceso. Entre 1999 y 2000 encaró una renovación muy importante de su flota. En aquel momento todavía circulaban unidades que databan de la década de 1960. Los tradicionales Leyland eran muy comunes en los años 80 y algunos llegaron a tener cerca de 40 años de servicio antes de ser sustituidos. Hoy la realidad es completamente distinta, porque la flota de Cutcsa tiene una edad promedio de siete años.

A partir de esa renovación también se incorporaron mejoras que cambiaron la experiencia de viaje de los usuarios. Se modernizaron los sistemas de expedición y pago de boletos, se incorporó conectividad, cargadores, aire acondicionado y muchas otras prestaciones que antes eran impensables. A veces parece que nada hubiera cambiado, pero la realidad es que se aumentó la flota, se mejoró sustancialmente su calidad y se incorporó tecnología de forma permanente.

Además, todo eso ocurrió mientras el transporte debía atender un territorio mucho más amplio que el de décadas atrás. No solo mejoró la flota y el servicio, sino que también tuvo que adaptarse a una ciudad y a un área metropolitana mucho más extensas y complejas.

La tecnología también aparece como uno de los grandes motores de transformación del transporte. ¿Cómo está viviendo Cutcsa ese proceso, primero con la modernización tecnológica de la flota y ahora con el cambio hacia la movilidad eléctrica?

La tecnología ha sido uno de los grandes motores de transformación del transporte. Primero dentro de los propios vehículos, incorporando mejoras que facilitaron el trabajo de los conductores y elevaron los estándares de comodidad y seguridad. Pero el cambio más profundo que estamos transitando hoy tiene que ver con la modificación de la matriz energética y el camino hacia la movilidad eléctrica.

Es un desafío diferente, de otra dimensión, y probablemente el proceso de renovación más importante que ha encarado Cutcsa en su historia. La diferencia con otras etapas es muy significativa. En el año 2000 estábamos renovando coches que todavía circulaban desde la década de 1960. Hoy estamos sustituyendo unidades que tienen 15 o 16 años. Eso también habla de la solvencia que tiene la empresa para realizar las renovaciones cuando corresponden.

Actualmente estamos encarando una transformación que implica una inversión superior a los US$ 100 millones entre renovación de unidades e infraestructura. Todo esto tomó impulso luego de la peor crisis que atravesó el transporte, que fue la pandemia. Una crisis incluso más profunda que otras anteriores en términos de pérdida de mercado. Poder avanzar en este proceso después de una situación de esas características demuestra también la fortaleza de la empresa y del sistema.

A su vez, en materia tecnológica estamos dando otro paso importante con la evolución de los sistemas de pago y gestión. Pasamos del viejo boleto de papel a las primeras máquinas y hoy avanzamos hacia una nueva generación tecnológica.

Pero esa tecnología no solo cambió la forma de pagar el boleto. También permitió desarrollar políticas que mejoraron el acceso al sistema. Un ejemplo claro es la posibilidad de combinar servicios entre distintas empresas utilizando la tarjeta STM o los boletos de una y dos horas. Son herramientas que hoy parecen naturales, pero que fueron posibles gracias a la incorporación de tecnología.

En definitiva, la tecnología no solo mejoró las prestaciones de los ómnibus, sino que también habilitó nuevas formas de movilidad y de acceso al transporte para los usuarios.

Gestionar transporte de pasajeros implica mover miles de vidas todos los días a través de los años. ¿Cuál ha sido la mayor lección de adaptabilidad que la empresa capitalizó al atravesar los momentos más complejos de la historia económica y social del país?

Creo que el momento más complejo que nos tocó atravesar fue, sin duda, la pandemia de Covid. Hubo otras crisis importantes, incluso algunas vinculadas a la propia realidad de la empresa, pero nada comparable con lo que ocurrió durante aquellos años.

Yo ya era parte del directorio y la viví desde adentro. Uno recuerda esa etapa con tristeza por todo lo que pasó como sociedad, pero también con emoción por la respuesta que dio el transporte. Como decimos siempre, primero que nada somos una empresa de servicio. Ese es nuestro motivo: brindar un servicio. Y además brindamos un servicio esencial.

Era fundamental que el personal de la salud, la policía, los bomberos y todos los trabajadores esenciales pudieran llegar a sus lugares de trabajo. Y eso fue lo que hizo el transporte. Fue un esfuerzo conjunto de la empresa, los trabajadores, los propietarios y también de las autoridades nacionales y departamentales, que entendieron la magnitud del desafío.

El transporte asumió la responsabilidad de mantener la conectividad en un momento crítico. Después vino una recuperación que llevó años, porque sostener un 80% de la oferta con apenas un 20% de los pasajeros era algo imposible de mantener en el tiempo sin apoyo y sin acuerdos.

Todavía hoy el mercado se encuentra por debajo de los niveles previos a la pandemia, aproximadamente en un 82% de lo que era antes del Covid. Pero la empresa estaba sólida y ese concepto de empresa familiar que caracteriza a Cutcsa permitió que fuera más fácil trabajar unidos frente a una situación de esa magnitud.

El presente del transporte metropolitano está marcado por la necesidad de ser eficientes en un tránsito cada vez más congestionado y con usuarios que exigen información en tiempo real. ¿Cómo define la fotografía actual de la empresa y cómo se gestiona hoy el equilibrio entre los costos operativos, las tarifas y la tecnología de datos que el pasajero actual demanda?

Hoy estamos frente a un desafío muy importante. Por un lado, está todo lo que tiene que ver con la renovación y el cambio de matriz energética, un proceso que ya está en marcha y viene dando buenos resultados. Y, por otro, estamos frente a un proyecto de transformación de la movilidad metropolitana que parte de un diagnóstico compartido: la necesidad de mejorar los tiempos de viaje y la fiabilidad del sistema.

El objetivo es brindar un mejor servicio y revertir una tendencia que preocupa, que es la pérdida de participación del transporte público. La movilidad cambió, cambiaron las formas de viajar, las centralidades y los hábitos de las personas. Lo que no cambió sustancialmente fue la infraestructura vial, mientras se sumaron cada vez más autos, motos y otros medios de transporte.

Por eso es importante que cualquier reforma se construya escuchando a todos los actores involucrados: autoridades, empresas, trabajadores y, sobre todo, usuarios. El destinatario final de cualquier transformación es la gente. Por suerte, el sistema de transporte de Montevideo y el área metropolitana cuenta con empresas con una trayectoria muy importante y mucho conocimiento acumulado. Entre todos tenemos que lograr que esta reforma sea la mejor posible y que permita salir de un círculo vicioso en el que, si no se actúa, cada año se sigue perdiendo mercado.

Uruguay se encuentra en plena transición hacia la movilidad eléctrica en el transporte público. Pensando de acá a las próximas décadas, ¿cómo se proyecta la reconversión total de la infraestructura de la empresa —talleres, puntos de recarga y capacitación del personal— para sostener una flota 100% limpia?

Tenemos trazado un camino hasta 2040 para completar la renovación total de la flota. Como siempre hablamos, avanzamos mediante renovaciones quinquenales que permitan sustituir aproximadamente un 25% de las unidades en cada etapa. La empresa ya cuenta con un plan de obras pensado para ese horizonte.

Naturalmente, la tecnología cambia muy rápido y eso obliga a planificar con flexibilidad. Hoy estamos analizando distintas alternativas vinculadas a los sistemas de carga de los ómnibus eléctricos. Es posible que en los próximos años aparezcan soluciones que modifiquen sustancialmente las necesidades de infraestructura actuales.

Por eso hay que encontrar un equilibrio entre la planificación de largo plazo y la capacidad de adaptación. No tendría sentido tomar decisiones pensando exclusivamente en 2040 sin considerar los cambios tecnológicos que pueden surgir en el camino.

También estamos trabajando mucho en la generación de conocimiento. Recientemente inauguramos el Centro de Estudios Tecnológicos, un espacio concebido para crecer junto con estas nuevas tecnologías y acompañar la evolución del sector.

A eso se suman alianzas estratégicas muy importantes, como la que mantenemos con UTU. A través de la educación dual y de los programas de pasantías buscamos formar técnicos y generar oportunidades para que los jóvenes puedan incorporarse al mercado laboral.

Fuimos pioneros en este proceso porque no hay empresas en Uruguay que tengan una flota tan importante de vehículos eléctricos. Ese conocimiento que vamos adquiriendo no queremos guardarlo, sino compartirlo para contribuir a la formación de nuevas generaciones de técnicos y profesionales.

Parte de nuestra visión de futuro pasa justamente por ahí: por la capacitación interna, pero también por aportar al desarrollo del sistema educativo y del país en esta nueva etapa del transporte.

Dentro de tres o cuatro décadas, los hábitos de movilidad, el teletrabajo y el diseño de la propia ciudad van a ser radicalmente distintos. ¿Qué rol estratégico debe asumir hoy la empresa para dejar de ser vista solo como una compañía de ómnibus y pasar a ser un actor clave en la creación de ciudades inteligentes y conectadas?

Nosotros casi que no esperamos que nos inviten a ninguna discusión; nos gusta participar, aportar y ser parte del debate. Este nuevo proyecto de movilidad ha tendido muchos puentes con arquitectos y urbanistas, y eso ha permitido abrir conversaciones muy necesarias sobre el futuro de la ciudad.

Cutcsa tiene que entender que es una empresa de servicios y de movilidad. No somos solamente una empresa de transporte; tenemos que ser parte de las soluciones que necesita la ciudad. Por eso buscamos proponer, plantear necesidades, aportar puntos de vista y participar activamente de las discusiones que se generan en la sociedad.

La movilidad requiere una mirada sistémica. Nadie puede resolver estos desafíos por sí solo. Cada actor tiene algo para aportar y nosotros creemos que estamos en un punto de inflexión donde Montevideo necesita repensar muchas cosas.

El desafío no es solamente resolver los problemas actuales, sino también sentar las bases para responder a los que sabemos que aparecerán dentro de cinco, diez o veinte años. Tenemos que planificar con tiempo y anticiparnos, en lugar de estar siempre reaccionando frente a las urgencias.

Imaginemos que un montevideano, un habitante del área metropolitana, lee esta entrevista dentro de tres o cuatro décadas. ¿Cuál es el compromiso a largo plazo que esta gerencia general quiere dejar sellado hoy para asegurar que el transporte público siga siendo el corazón democrático de la ciudad?

Lo que quiero para Cutcsa es que sea siempre parte de la solución. Esa ha sido históricamente nuestra forma de actuar y es el compromiso que queremos reafirmar hacia adelante.

Un buen transporte público es algo que toda buena ciudad necesita. Es probablemente la herramienta más democrática de movilidad, porque permite que cualquier persona pueda estudiar, trabajar, acceder a oportunidades o simplemente desplazarse por la ciudad.

Montevideo merece el mejor transporte público posible. Y para lograrlo, la empresa tiene que mantener siempre la mirada puesta en el usuario. Al final del día, es el cliente quien utiliza el servicio y quien le da sentido a todo lo que hacemos.

Por eso cualquier cambio o decisión debe analizarse a partir de una pregunta sencilla: qué necesita la gente y cuál es la mejor solución para los usuarios. Si tenemos eso claro, las cosas van a funcionar. La postura de Cutcsa debe ser siempre pensar en el largo plazo, en lo que le sirve al sistema y a la convivencia democrática de la ciudad, más allá de las urgencias del día a día.

Y ojalá que dentro de 30 años ese cliente siga levantando el brazo y pueda parar un ómnibus de Cutcsa, porque seguramente vamos a seguir recorriendo las calles de Montevideo durante muchos años más.

Estos personajes aparecen en esta nota
Juan Pablo Salgado
Buenos Aires 484, CP 11000, Montevideo, Uruguay
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