Edición especial 45 aniversario
“Si la industria tiene condiciones adecuadas, invierte y apuesta al país”
La industria uruguaya enfrenta una etapa de profundas transformaciones impulsadas por la tecnología, los mercados globales y las exigencias de competitividad. Leonardo García, presidente de la Cámara de Industrias del Uruguay, analiza la evolución del sector, identifica sus principales desafíos y plantea que el desarrollo del capital humano será la clave para sostener su crecimiento.
Fecha de publicación: 31/07/2026
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Leonardo García, presidente de la Cámara de Industrias del Uruguay
Por:
Redacción

Si miramos un punto de partida, por ejemplo de hace 45 años, la industria era radicalmente distinta. A su criterio, ¿cuál ha sido el cambio más disruptivo o la transformación más profunda que ha vivido el sector industrial del país en estas décadas en la forma de producir y competir? 

El principal cambio es que la industria está más enfocada en transformar bienes primarios, principalmente nacionales, pero en los últimos años también procesando materias primas agropecuarias de otros orígenes, lo que permitió generar nuevas corrientes exportadoras de productos como café procesado, cacao en polvo, aceites y grasas vegetales, concentrados para bebidas, por citar algunos. Comparado con aquellos años, hoy tenemos una industria mucho más enfocada en la exportación, con algunos sectores basados en bienes agropecuarios que exportan a múltiples destinos. Asociado a eso, China es un cliente fundamental de algunos sectores, algo que no ocurría en aquella época, asociado a la disrupción de ese mercado. Si bien es un fenómeno más reciente, la producción de pasta de celulosa es novedosa para Uruguay, máxime a las escalas actuales. Unido a eso hay otro cambio significativo, y es que una muy importante porción de la producción y exportación de la industria se realiza desde zonas francas. Por último, otro cambio estructural es la importante reducción de empresas y empleo en sectores intensivos de mano de obra, como vestimenta, calzados y otros similares. En casi todas las macrotendencias está China por detrás, el gran cambio industrial de las últimas décadas a escala mundial. Como lo mostramos en el último Día de la Industria, sin considerar a China, Uruguay no cambió su participación en la industria mundial, así que nos hemos comportado parecido al resto del mundo.

Toda trayectoria larga tiene sus cicatrices y sus aprendizajes. ¿Cuál considera que ha sido la mayor lección que el sector ha capitalizado tras atravesar las distintas crisis y reconversiones de este período? 

La mayor lección es que si la industria tiene condiciones adecuadas, invierte y apuesta al país. Es un sector donde tanto inversores nacionales como extranjeros bloquean fondos por muchos años si visualizan oportunidades y un entorno favorable, generando externalidades muy positivas que tienden a perdurar. Se trata de un sector que innova y absorbe innovación de otros sectores, paga buenos salarios, emplea personas de distintas calificaciones, descentraliza la producción, genera divisas, atrae inversión extranjera.

Hoy nos encontramos en una intersección compleja entre la digitalización, la sustentabilidad y las nuevas demandas globales. ¿Cómo definiría la fotografía actual del sector? ¿Cuáles son las principales fortalezas y las urgencias más críticas que enfrenta hoy la industria en el país? 

Lo que define la situación actual es que podemos aprovechar oportunidades en el mundo actual y en el que se viene, pero eso si abordamos cuanto antes los desafíos asociados para lograrlo, que son enormes. Lo más crítico es el capital humano. No estamos mejorando significativamente la retención de los estudiantes en secundaria ni estamos mejorando la calidad educativa, según muestran distintos indicadores nacionales e internacionales. No hay forma de aumentar la productividad, transformarnos productivamente e innovar si no lo logramos cambiar eso. Todos los países que se desarrollaron industrialmente se basaron en una profunda transformación educativa. Es una condición necesaria. Las fortalezas son conocidas, y están asociadas a cuestiones del entorno, estabilidad política, respeto de las instituciones.

Proyectando la mirada hacia los próximos 45 años, la velocidad del cambio tecnológico y ambiental va a ser exponencial. ¿Qué competencias, tecnologías o pilares estratégicos considera indispensables que la industria empiece a construir hoy para no quedar obsoleta mañana?

El principal es el capital humano, lo que mencionaba antes. Luego precisamos solucionar los costos energéticos. Somos un sector intensivo en el uso de la energía, por lo que la competitividad en esa proveeduría debe mejorar para apuntalar la inversión industrial. En tercer lugar, es necesario que mejoremos significativamente el entorno laboral. Me refiero no solo a la conflictividad, que es elevada y a veces desproporcionada respecto a lo que se negocia, sino también a la forma en que se acuerdan los salarios y las condiciones de trabajo. Otro elemento fundamental será el peso del Estado, que no paró de crecer en las últimas décadas sin devolver servicios equivalentes al dinero que le extrae a la sociedad para financiarse. Cuando en Uruguay se habla de “vacas atadas”, diría que el sector público es un rodeo. Hay un sobrecosto evidente, no solo para los empresarios, sino también para los ciudadanos en general. Y una elección inadecuada de dónde precisamos más Estado y dónde menos, o directamente donde no debería tener injerencia, porque el mercado resuelve adecuadamente las necesidades de la gente.

El factor humano es el centro de cualquier industria. Pensando en el relevo generacional y en el perfil de los trabajadores del futuro, ¿cómo debe adaptarse el sector para atraer y retener a los líderes y técnicos de las próximas décadas?

Quienes trabajan en puestos de liderazgos en empresas industriales, así como sus técnicos, disfrutan mucho del rol que cumplen. Es que las industrias son entornos de trabajo complejos y dinámicos, donde hay que gestionar aspectos muy diversos, desde los tecnológicos, los energéticos, los logísticos, los vinculados al mercado internacional, el packaging, la salubridad, la calidad, el relacionamiento entre muchas personas de distintas características, los desafíos ambientales, las cuestiones regulatorias, que son diversas y muy específicas. Por lo anterior, la industria es un lugar privilegiado para personas con el temple para liderar organizaciones de este tipo y por eso seguirá atrayendo a quienes les interesa trascender en su tránsito laboral por la vida empresarial. Volviendo a lo que dije antes, y asociado a las necesidades que tendrán las empresas industriales, como sociedad tenemos que convencernos de que por la vía de formar a nuestra gente lograremos mejores resultados. Siendo que gran parte de la educación recae en el sector público, y que es una inversión de las más redituables, habrá que ir reduciendo gastos en rubros donde el Estado es prescindible y reorientarlo a mejorar las capacidades de nuestros niños y jóvenes, en manos de quienes estará el futuro del país.

 

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Leonardo García
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