¿Cómo cree que evolucionó la inserción internacional de Uruguay en los últimos 45 años y cuáles fueron los momentos más importantes de ese proceso?
Si miramos la evolución de la inserción internacional del Uruguay en los últimos 45 años, vemos un proceso de creciente apertura, integración y participación activa en los principales foros regionales y globales. Uruguay ha sabido compensar el tamaño de su mercado interno con una política exterior que apuesta al comercio, al multilateralismo y a la construcción de reglas comunes.
En el plano subregional, debemos recordar la creación en 1991 del Mercosur con la firma del Tratado de Asunción, hecho que marcó un antes y un después para el país.
A nivel intra-Mercosur se alcanzaron hitos importantes en materia de facilitación del comercio y cooperación regulatoria, como el Arancel Externo Común, que contribuyeron al desarrollo de cadenas regionales de valor y consolidaron a Uruguay como un hub logístico regional y global. Asimismo, el Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (Focem) permitió financiar obras estratégicas de infraestructura, como la rehabilitación de las rutas 6, 8 y 30 y la interconexión eléctrica con Brasil.
Por otro lado, la agenda externa permitió a Uruguay insertarse internacionalmente como bloque negociador con otro peso. A la vista están los resultados de hoy con el acuerdo interino con la Unión Europea, que representa un mercado de 750 millones de personas y un 20% del PIB mundial; el acuerdo con EFTA, que constituye un mercado de 300 millones de personas y el acuerdo con Singapur, que ya se encuentra en vigor y actúa como puerta de entrada al Sudeste Asiático. A esto se suma una densa red de acuerdos comerciales del Mercosur en el continente. A nivel regional, se profundizaron Acuerdos de Complementación Económica, y se suscribieron dos Tratados de Libre Comercio emblemáticos con México y con Chile. Se avanzó en diversificación económica.
En el año 2000, los presidentes de varias naciones lanzaron en Brasilia la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (Iirsa), que en 2009 pasó a integrarse en la naciente Unasur. En materia de infraestructura, el Consenso de Brasilia se muestra como el correlato actual de lo que en su momento comenzó con el Iirsa, con objetivos en torno a proyectos de desarrollo en transporte, energía y telecomunicaciones, un foro regional con foco en coordinar acciones conjuntas para la infraestructura y conectividad regional.
A su vez, la Celac, como heredera del Grupo de Río, que, debo recordar, fueron esenciales para procesos de paz en el continente, es otro foro de diálogo regional por excelencia, y consolida instancias de intercambio a nivel latinoamericano a la vez de establecer canales de comunicación con socios relevantes como son la Unión Europea y China.
A nivel global, la Organización Mundial del Comercio (OMC), conformada tras la Ronda Uruguay, representó un antes y un después en el comercio internacional. Implicó la consolidación de una serie de disciplinas que van desde el Acuerdo sobre Agricultura hasta la propiedad intelectual. Debemos recordar que Uruguay es miembro fundante del Grupo de Cairns, el cual se centra en avanzar las negociaciones multilaterales comerciales en materia de agricultura y, pese a que con el tiempo la OMC ha experimentado ciertas dificultades en su función negociadora, sigue manteniéndose como foro central de normas y transparencia para el comercio. El reciente Examen de Políticas Comerciales de Uruguay y la valoración sumamente positiva recibida confirman esto.
Por otro lado, la OCDE se presenta como un foro de altos estándares regulatorios al que Uruguay le concede una relevancia creciente y con el cual se encuentra haciendo una aproximación gradual y focalizada, inclusive en asuntos de regulación tributaria e inversiones.
Finalmente, las relaciones económicas bilaterales han mostrado una diversificación creciente, manteniendo siempre un pie en la región. En los últimos 25 años, China y Estados Unidos se consolidaron con mayor preponderancia en los destinos de exportación uruguayos, y hoy apuntamos a priorizar el Sudeste Asiático a través de la negociación para acceder a instrumentos como el Cptpp o el RCEP.
A nivel político, en el período 2016-2017, Uruguay participó por segunda vez en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Hoy presidimos el G77 + China, 134 países del Sur Global en Naciones Unidas. Fuimos elegidos al Consejo de Derechos Humanos para el período que comienza en 2027, al Consejo de la Unesco, a presidir la asamblea mundial (Conferencia Internacional del Trabajo) de la OIT, todo lo que prestigia al país en educación, derechos humanos y trabajo. A eso se suma que las misiones de paz, como Monusco y Undof, son referencia permanente de nuestro compromiso con la defensa de la paz, la solución pacífica de controversias y una apuesta permanente por el multilateralismo.
En un escenario internacional cada vez más cambiante, ¿cómo puede Uruguay encontrar más oportunidades para crecer y atraer inversiones?
En un escenario internacional marcado por la incertidumbre y las tensiones geopolíticas, Uruguay ofrece precisamente aquello que hoy el mundo valora más: estabilidad, previsibilidad y confianza. Somos un país democrático, con instituciones sólidas, seguridad jurídica y una larga tradición de respeto por el Estado de derecho. Además, estamos ubicados en una región de paz, libre de conflictos y desnuclearizada, lo que constituye un activo cada vez más relevante para quienes buscan invertir y desarrollar proyectos de largo plazo.
Uruguay tiene una vocación histórica de apertura al mundo. Mantiene relaciones constructivas con todos los países y comercia con todos. Esa capacidad de dialogar y trabajar con distintos socios internacionales es una fortaleza que nos permite posicionarnos como un destino seguro para la inversión y como una plataforma confiable para hacer negocios.
A ello se suman ventajas muy concretas: una matriz energética basada en fuentes renovables, excelentes condiciones para el desarrollo de nuevas industrias, infraestructura logística de primer nivel, puerto y aeropuerto libres, un sólido régimen de zonas francas y un marco jurídico que garantiza igualdad de trato entre inversores nacionales y extranjeros, libre movilidad de capitales y reglas claras.
Quizás el mayor cambio que estamos viviendo es la creciente inserción internacional del país. Uruguay está ampliando de forma significativa su acceso a los principales mercados del mundo. La concreción del Acuerdo Mercosur-Unión Europea y del acuerdo con la EFTA abrirán nuevas oportunidades hacia Europa. Al mismo tiempo, nuestro objetivo de incorporarnos al Cptpp y avanzar en una mayor vinculación con RCEP permitirá proyectarnos hacia la región más dinámica del crecimiento económico mundial. A esto se suma el acceso preferencial que ya tenemos a los mercados de América Latina a través de los Acuerdos de Complementación Económica en el marco de la Aladi y del propio Mercosur.
Todo ello convierte a Uruguay en una plataforma ideal para producir, innovar, exportar y prestar servicios hacia múltiples mercados desde un entorno estable y predecible. Nuestra estrategia es clara: combinar estabilidad institucional, apertura económica y una inserción internacional cada vez más amplia para generar más crecimiento, atraer inversiones de calidad y crear más oportunidades para los uruguayos.
Muchas empresas sostienen que abrir nuevos mercados es clave para el desarrollo del país. ¿Cuáles son hoy las principales prioridades de la política exterior para ayudar a que Uruguay exporte más y diversifique sus destinos?
Para un país de las dimensiones de Uruguay, exportar más y llegar a más mercados no es una opción, es una condición para crecer, generar empleo de calidad y mejorar el bienestar de la población. Los acuerdos con la Unión Europea y EFTA cambiaron la pregunta: no se trata de la búsqueda de nuevos mercados, sino de nuestra capacidad de oferta de entrada en esos grandes mercados que avanzan gradualmente hacia un mayoritario arancel cero.
Vivimos en un contexto internacional complejo, marcado por una mayor incertidumbre, por el aumento de las restricciones al comercio y por cuestionamientos al sistema multilateral. Frente a ese escenario, Uruguay reafirma su compromiso con un comercio internacional basado en reglas claras, participando activamente en la OMC y profundizando su vinculación con otros espacios de referencia que fortalecen la confianza internacional en nuestro país.
Al mismo tiempo, estamos impulsando una agenda de apertura comercial ambiciosa y pragmática. La concreción de los acuerdos del Mercosur con la Unión Europea y con la EFTA representa un paso histórico que ampliará significativamente el acceso de nuestras exportaciones al mercado europeo. A ello se suma el trabajo para concluir negociaciones con socios estratégicos como Canadá, Emiratos Árabes Unidos, y avanzar con otros como Vietnam y Japón, entre otros.
Una prioridad especial es Asia, y particularmente el Sudeste Asiático, donde se concentra una parte muy importante del crecimiento económico mundial. En ese sentido, la negociación con el Cptpp forma parte de una estrategia de largo plazo para integrar al país a las cadenas globales de valor y ampliar el acceso preferencial a algunos de los mercados más dinámicos del mundo.
Pero la inserción internacional no se limita a negociar acuerdos comerciales. También significa eliminar barreras sanitarias y fitosanitarias que aún restringen el ingreso de productos uruguayos, facilitar el acceso efectivo a los mercados y trabajar junto con el sector privado para identificar nuevas oportunidades de exportación. Estamos fortaleciendo la coordinación con el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, el Ministerio de Economía y Finanzas, Uruguay XXI y los demás organismos competentes para definir hojas de ruta específicas por sectores y mercados prioritarios.
Estamos fortaleciendo los mecanismos de coordinación público-privada. Se retomó el funcionamiento de la Comisión Interministerial para Asuntos de Comercio Exterior (Ciacex) luego de 15 años, y estamos consolidando un diálogo permanente con el sector productivo, exportador, sindical y académico, porque una estrategia de inserción internacional solo puede ser exitosa si se construye de manera conjunta con los principales actores del país.
Finalmente, seguiremos reforzando la promoción comercial y la marca país mediante misiones empresariales, participación en ferias internacionales y acciones de promoción en mercados prioritarios. Nuestro objetivo es claro: consolidar los mercados donde Uruguay ya tiene una presencia importante, abrir nuevos destinos para nuestros productos y servicios y generar las condiciones para que más empresas uruguayas puedan competir con éxito en el mundo.
Si piensa en el lugar que Uruguay debería ocupar en el mundo dentro de las próximas décadas, ¿qué objetivos cree que el país tendría que proponerse desde ahora para alcanzarlo?
Uruguay debería ser un puente, un promotor de diálogos, de entendimientos y acuerdos. Podemos jugar ese rol gracias a mantener muy buenas relaciones con los diferentes países de la región y por la tradición en el mantenimiento de la paz en Naciones Unidas.
También precisamos profundizar la inversión en ciencia, tecnología e innovación, aplicada a nuestras ventajas comparativas y creando verdaderas ventajas competitivas, como ha sucedido con el sector del software y las tecnologías de la información.
Uruguay tiene que seguir cultivando sus fortalezas institucionales que son la base de la estabilidad política, económica y social que distintos actores regionales e internacionales reconocen y valoran como un activo del país y que los termina alentando a venir a hacer negocios, a invertir, a vivir y, por qué no, también como lugar imparcial y seguro para resolver sus diferencias.
Uruguay tiene que ser sinónimo de paz, apertura, seguridad jurídica, desarrollo sostenible, inclusión social, innovación, en un marco de respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales y al Estado de derecho. Y ese es el camino que estamos transitando.