Edición especial 45 aniversario
Uruguay enfrenta el desafío de recuperar competitividad, atraer inversiones y promocionarse mejor en el mundo
Fueron muchos los cambios que transformaron la economía uruguaya en 45 años y, aun así, el país todavía tiene diversos desafíos que resolver. En primer lugar, necesita volver a ser atractivo para producir y generar empleo, además de mejorar su competitividad y revisar costos y regulaciones. En otro orden, debe aprender a promocionarse mejor en el mundo para atraer inversiones y más turismo.
Fecha de publicación: 31/07/2026
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Martín Alesina, coordinador de investigación de Ceres
Por:
Redacción

¿Qué cambios considera que definieron la evolución de la economía uruguaya en los últimos 45 años y qué enseñanzas dejaron?

En los últimos 45 años Uruguay cambió mucho. Se consolidó como democracia, logró mayor estabilidad macroeconómica, redujo vulnerabilidades financieras, redujo la pobreza y construyó una buena reputación institucional. Pero destacaría cuatro transformaciones menos mencionadas.

La primera fue la creación de incentivos para la inversión que se mantuvieron en todos los gobiernos. La Ley Forestal (1987) es el ejemplo más claro: permitió desarrollar un sector que apenas existía, creó cerca de 20.000 empleos directos, impulsó exportaciones y transformó parte de la estructura productiva. Algo similar ocurrió con los servicios globales, especialmente tecnologías de la información, y con la Ley de Zonas Francas (1987), con gran relevancia para el impulso de ambos sectores. La lección que dejaron es que cuando Uruguay crea condiciones adecuadas, se desarrollan sectores nuevos.

La segunda fue la reforma previsional del año 1996 con la creación de las AFAP. El cambio introdujo ahorro privado de largo plazo, colaboró en la sostenibilidad del sistema previsional y ayudó a financiar inversión en el país. Además, permitió obtener el grado inversor. Si bien es un sistema cuestionado en la actualidad, los beneficios que le ha dejado al país en estos 30 años están a la vista.

La tercera fue el cambio en la concepción de la inserción internacional. La diversificación exportadora que se dio principalmente en los últimos 25 años redujo la dependencia de la volatilidad de nuestros vecinos y permitió dinamizar y diversificar el sector exportador, con mayor valor agregado, productividad e innovación. Luego de décadas de ver sus beneficios, hoy la apertura comercial está mucho menos cuestionada que años atrás.

La cuarta es institucional y macroeconómica. La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, al limitar el financiamiento monetario del déficit, fue decisiva para ordenar la relación entre política fiscal e inflación. En esta línea, años después se mejoró significativamente la gestión de deuda y más recientemente se instaló la regla fiscal. Al igual que los puntos anteriores, cuidar la estabilidad macroeconómica hoy es una política establecida y con bajo cuestionamiento.

¿Qué elementos son necesarios para que Uruguay pueda mantener un crecimiento económico sostenido y, al mismo tiempo, elevar la calidad de vida de su población?

Uruguay necesita volver a ser rentable para invertir, producir y crear trabajo formal. Sin inversión no hay crecimiento sostenido; sin crecimiento no hay mejora permanente de salarios, empleo ni recaudación para atender políticas sociales y áreas claves como educación, salud y seguridad. Y todo esto impacta directamente en la calidad de vida.

El punto central para ello es la competitividad. La presentación semestral de Ceres que brindamos a socios semanas atrás resume la competitividad con una imagen simple: es una mesa de tres patas, es decir, regulación para la competencia, regulación laboral y carga fiscal. Y Uruguay tiene problemas en las tres y avances solamente en una de ellas.

La primera pata es la regulación para la competencia. Hay avances en la dirección correcta en la agenda de simplificación y mejora regulatoria del gobierno. El proyecto de ley de competitividad incorpora elementos positivos como agilización de trámites, ventanillas únicas, digitalización, interoperabilidad, gestión por riesgo, silencio positivo, defensa de la competencia, facilitación del comercio exterior y mejoras para inversión e innovación. Es un paso importante que necesitará consolidarse y seguir avanzando.

La segunda pata es la regulación laboral. El país necesita avanzar hacia una fuerza laboral más productiva y que crear empleo sea más fácil, y hoy las iniciativas desde el Ejecutivo y el PIT-CNT van en sentido contrario. Si bien los objetivos son entendibles, la evidencia nos muestra que un mercado laboral más rígido dejará afuera a quienes más necesitan entrar, y que trabajar menos horas redundará en menos empleo.

La tercera pata es la carga fiscal, tanto impuestos como tarifas. Uruguay no podrá reducirla de manera sostenible si no revisa el gasto público. Y no estamos hablando de motosierra. Hay diversas oportunidades en gastar mejor a través de medir resultados de las políticas y que eso permita reasignar recursos a las áreas más prioritarias y, además, eliminar áreas redundantes y superposiciones y unificar duplicaciones.

¿Qué retos enfrenta actualmente la economía para alcanzar mayores niveles de competitividad?

El problema central es que el sistema político no tiene la licencia social para encarar las reformas necesarias para mejorar la competitividad en dos de las tres patas, y avanza solamente en la que sí la tiene, que es la regulación para la competencia.

La licencia social es un concepto utilizado en diversos ámbitos y hace referencia a la aceptación de la sociedad de avanzar en ciertos caminos. Hoy Uruguay no tiene licencia social para avanzar en una reforma que flexibilice el mercado de trabajo, y tampoco para reducir la carga impositiva y tarifaria mediante una baja del gasto público. En estas dos aristas, la dirección adoptada es más bien contraria. Entonces, el principal desafío está en lentamente volver a ganar esa licencia, esa confianza, que algún momento estuvo, pero hoy no.

Luego está el desafío de corto plazo de ser más rentables. En los sectores exportadores, los ingresos por unidad productiva crecieron mucho menos que los costos. Si vemos la evolución en las últimas dos décadas, los ingresos reales crecieron 70%, pero los costos crecieron 170%, considerando salarios, impuestos y tarifas. Esto vuelve menos atractiva la inversión, tanto de nuevas como de ampliar existentes. Y eso es un desafío a atender hoy, más en un mundo con tasas internacionales altas y países de la región que ganan competitividad y dan señales positivas para la inversión.

Lo que se debe entender es que esto es una competencia y Uruguay es uno de los participantes. La inversión irá hacia el que le ofrezca mejores condiciones y, si no sos el más atractivo, irá hacia otro lugar, como está pasando.

¿Qué prioridades deberían guiar la agenda económica de Uruguay en las próximas décadas teniendo en cuenta el escenario actual?

Además de competitividad, educación, demografía, seguridad social, inserción internacional, adaptación a la inteligencia artificial y otros temas que están sobre la mesa y hay que atender, agregaría uno más del que se habla poco: Uruguay necesita promocionarse más a nivel internacional. Y no solo para que venga más inversión. Necesita venderse —en el buen sentido de la palabra— de forma inteligente y potente para captar inmigración y turismo. Si no aumentamos la población tanto permanente como flotante, va a ser muy difícil. Y para eso hay que ver la promoción como una inversión y no como un gasto como hasta ahora.

Por ejemplo, el Ministerio de Turismo gasta unos US$ 5 millones en promoción al año, una cuarta parte de su presupuesto total. Si uno toma como referencia estudios de varios países de la región del impacto de aumentar la promoción en la región, el promedio muestra que, por cada dólar adicional dedicado a promoción, la recaudación directa crecería 6,5 dólares, más tres dólares de recaudación indirecta (casi 10 dólares en total).

Esto para el turismo. La misma lógica debe entenderse para venderse —con una propuesta atractiva— para vivir en Uruguay. Y lo mismo para invertir. Los tres con propuestas atractivas y beneficios específicos. Y debe hacerse en conjunto, de forma unificada e integrada.

El retorno lo vale: Ruanda no invierte US$ 10 millones al año para estar en la camiseta del Arsenal porque sí, lo hace desde hace años porque es una inversión rentable. Y por algo invierte también en la camiseta de Atlético de Madrid. Portugal también se posicionó como un destino atractivo para visitar y vivir, e impactó positivamente en la inversión.

Es una necesidad para el país impulsar las tres y colocarlo como prioridad. Y no es solo más presupuesto, es también más presencia del Ejecutivo en las instancias donde están las oportunidades de generar contactos y sinergias, como la Expo Osaka o la Copa del Mundo.

Al igual que captar inversión, lograr que más personas vivan y visiten tu país es una competencia, pero teniendo el potencial de estar en el grupo de escapados, seguimos escondidos en el pelotón.

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Martín Alesina
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