Existe cierta tendencia, incorrecta conceptualmente, a vincular la sostenibilidad en las empresas únicamente a cuestiones ambientales y, muchas veces, gastos. Sobre esto habló Elola, y recordó un taller realizado el 12 de agosto por KPMG y el Centro de Empresas Familiares (CEF) de la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay del que participaron cerca de 50 personas pertenecientes a familias empresarias, organizadas en mesas de trabajo sobre sostenibilidad.
Durante el encuentro, explicó, surgió rápidamente la idea de que la sostenibilidad “es algo caro”. El concepto en realidad es mucho más abarcativo y esencialmente remite a “satisfacer la necesidad de la generación actual sin afectar la capacidad de las futuras de satisfacer las suyas”, según detalló Elola. Eso, en la práctica, se traduce en un esquema de triple impacto que exige sostenibilidad financiera, social y ambiental.
“No podemos ver [la sostenibilidad] como un gasto sino como una oportunidad, tanto de generar como de proteger el valor de la empresa familiar”, afirmó el contador y ejemplificó: mejorar la eficiencia, ahorrar costos y mejorar la gestión de riesgos son prácticas sostenibles que favorecen también a la generación de valor en un negocio. Para las empresas familiares, agregó, esa lógica resuena de manera natural, ya que la propia idea de continuidad generacional empuja a quienes toman decisiones a preocuparse por la sostenibilidad de su negocio en favor de sus futuros dueños y a construir comunidades que compartan estos valores.
Elola recordó el caso de una de las empresas participantes del taller, dedicada a la gestión de residuos, en el que la medición y clasificación de desechos permitió detectar ahorros, desalentar el consumo innecesario entre colaboradores y avanzar hacia esquemas de economía circular, donde materiales, envases o indumentaria fuera de uso pueden convertirse en insumo para otra organización.
Sin embargo, en muchos casos estas decisiones se toman sin medir sus impactos, sistematizar sus procesos y darles un marco formal de aplicación. Elola señaló que cada vez más empresas familiares, en especial las exportadoras, reciben de sus clientes el pedido de demostrar que sus prácticas son sostenibles. “Eso requiere no solamente que tengas prácticas sostenibles, sino también que las formalices, que puedas mostrarles a otros cómo lo haces y, en algunos casos, hasta certificarte”, sintetizó.
Por otro lado, en todo momento Elola advirtió contra las generalizaciones; el impacto de incorporar la sostenibilidad varía según el sector y la posición de la empresa en el mercado. Por ejemplo, si una empresa debe competir por un mercado con otra de mayor tamaño y reconoce que producto de sus acciones sostenibles está perdiendo terreno, se tiende a priorizar la competitividad.
El especialista aclaró, además, que empresa familiar no equivale a empresa pequeña o informal: existen compañías de este tipo con gerencias profesionales ajenas a la familia y estructuras plenamente formalizadas. Frente a esta heterogeneidad, la recomendación central del director de KPMG es que cada organización realice un autodiagnóstico profundo de cómo los aspectos ambientales, sociales y financieros impactan en su actividad y así pueda avanzar en una “hoja de ruta consciente” que le permita identificar dónde y cuándo las prácticas sostenibles son una “palanca” para proteger el valor. Esto, explicó, requiere avanzar en análisis cada vez más formales y profesionales.
Estudios enfocados en empresas familiares
Durante octubre de 2025, KPMG y el CEF publicaron la tercera edición de la encuesta Retratos de Familia en Uruguay, que recogió datos de 116 empresas familiares entre abril y julio de ese año. Un 87% de las empresas encuestadas declaró haber implementado alguna iniciativa sostenible, sobre todo planes de capacitación y gestión de residuos.
Por otro lado, cuatro de cada 10 tiene previsto o cuenta con un plan formal para incorporar sostenibilidad a su modelo de negocio. La proporción que dice no conocer conceptos como el cambio climático o la Agenda 2030 cayó de 53% en 2023 a 35% en esta edición, y un 57% cree que el cambio climático afectará su forma de hacer negocios.
Entre las que tuvieron dificultades para implementar acciones de sostenibilidad, seis de cada 10 lo atribuyó a falta de conocimiento sobre el tema.
Se trata, aclaró Elola, de una encuesta voluntaria, todavía no representativa del universo de empresas familiares del país, pero con mayor alcance a cada edición.