Sociedad
Segundo conversatorio del Ciclo Costo País 2026 de la Academia Nacional de Economía
Economistas advierten que Uruguay es caro y crece poco y reclaman cambios para mejorar la productividad
Los economistas Deborah Eilender, Fernando Isabella, Ignacio Munyo y Ramón Pampín analizaron por qué el país invierte y crece poco. Con matices, describieron una economía estable pero cara, con escasa inversión privada en innovación y déficits de capital humano. Las diferencias surgieron al priorizar las respuestas, que fueron desde revisar el gasto público y la negociación salarial hasta focalizar los incentivos y fortalecer las capacidades productivas.
Fecha de publicación: 25/09/2026
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Redacción

La actividad, titulada “El desafío de la productividad: ¿Por qué Uruguay invierte poco y crece menos?”, se enmarca en el tema del premio anual de la Academia de Economía: “Costo país: una agenda de cambios para un Uruguay más competitivo”.

Deborah Eilender, investigadora del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) y docente de la Universidad ORT, sostuvo que Uruguay entró en la “trampa del ingreso medio”: ya no atrae inversión que busca mano de obra barata y todavía no atrae la más sofisticada. Citó una definición que le dieron: el país es "un buen lugar para hacer poca plata en mucho tiempo". Recordó que la carga tributaria pasó de 23% a 27% del PIB en 20 años.

Fernando Isabella, investigador del Instituto de Economía de la Universidad de la República (Udelar) y exdirector de Planificación de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), atribuyó el estancamiento a la dependencia de commodities con precios fijados afuera y a actividades que generan poco conocimiento aplicable a otros sectores. Afirmó que los países ricos son caros y que el camino “no es bajar el piso, sino subir el techo”. Propuso reorientar la promoción de inversiones, hoy horizontal, hacia actividades exportadoras y con alto valor agregado.

Ignacio Munyo, director ejecutivo del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) y miembro de la Academia, señaló que, con tasas internacionales por encima de 5%, cualquier inversión productiva compite con “una rentabilidad libre de riesgo del 5% anual sin trabajo”. Sostuvo que el gasto público real por persona se duplicó desde 2000 y propuso presupuesto base cero para el gasto que definió como “complementario”, que significa un tercio del total.

Ramón Pampín, economista y gerente de la consultora PwC, describió un ecosistema de pocas empresas grandes muy productivas, muchas micro y un tramo de medianas débil. Planteó focalizar el apoyo público en las rezagadas porque “los recursos son limitados”.

Negociación salarial

Munyo calificó a la regulación laboral y al costo del Estado como “dos temas tabúes”. Estimó que la Ley de Competitividad deja fuera cerca del 80% de los costos de una empresa. Afirmó que el diseño de los Consejos de Salarios favorece a las grandes empresas y perjudica a las pymes: “No es una falla de mercado, es una falla de política pública”. Planteó revisarlos a fondo, al punto de evaluar si deben seguir convocándose.

Isabella admitió que tienen “muchas mejoras posibles”, pero sostuvo que permitieron que el salario real siguiera a la productividad, algo que no ocurrió en los 90, y se opuso a eliminarlos. Más adelante, refiriéndose a los incentivos fiscales a la inversión, agregó un dato: desde que la producción de zonas francas puede ingresar a Brasil como si fuera del Mercosur, no se instaló ninguna empresa nueva para aprovecharlo, “en gran parte por los costos laborales”.

Pampín, por su parte, señaló que en la relación entre capital y trabajo hay “dolores” que el país “no ha procesado” y que muchas veces la salida “no pasa por confrontar, sino por cooperar”.

Innovación y capacidades

Eilender indicó que la inversión en investigación y desarrollo es 0,63% del PIB, frente a 1,15% en Brasil y 3% en la OCDE. Según la ANII, 70% la ejecuta el sector público, y lo que invierten los privados se concentra en grandes empresas.

Isabella había señalado que el Estado “no invierte tan poco”, pero “los investigadores están en un lado, las empresas están en otro”. Propuso un fondo de US$ 10 a 15 millones para proyectos de grupos de la Udelar o la UTEC con empresas locales, cofinanciados. Pampín dijo que los empresarios, más que financiamiento, piden acompañamiento para incorporar tecnología. Citó una encuesta del BID en la que su insatisfacción con los recursos humanos duplica el promedio latinoamericano.

Eilender recordó que, según el Índice Global de Innovación 2025, el país ocupa el lugar 93 de 132 en gasto educativo sobre PIB y el 108 en graduados en ingeniería y ciencias. Advirtió que el sistema “expulsa” jóvenes. Isabella vinculó el problema a la desigualdad: ajustados por nivel socioeconómico, los resultados de PISA superarían a los de Noruega. Pampín cerró abogando por incrementar la complejidad económica; cuanto más conocimiento tienen las personas, más productos sofisticados puede generar un país.

Energía: visiones cruzadas

Eilender afirmó que Uruguay tiene electricidad cara y que UTE transfiere unos US$ 180 millones anuales a Rentas Generales. Propuso activar el mercado mayorista previsto desde la reforma de 1997, por el que hoy circula cerca de 0,2% de la electricidad y que permitiría a generadores privados vender directamente a grandes consumidores.

Isabella respondió que la rentabilidad de UTE sobre lo invertido probablemente es menor que la media privada. Agregó que la electricidad industrial uruguaya es hoy más barata que la de Chile y la de Argentina, y que el gasoil está "en mitad de tabla" en América Latina.

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