-¿Hasta qué punto el giro hacia la derecha en las últimas elecciones en Sudamérica cree que expresa una demanda de cambios económicos y cuánto responde al desencanto de la población con los gobiernos de turno, más allá de la orientación política de cada uno?
-Hay una constante en la región, hace mucho tiempo, y es que los gobiernos no logran ser reelectos. Son contadas las excepciones. Hoy en día la derecha ha tenido éxito en todos los países, mientras en Brasil hay una situación expectante, y creo que detrás de ello hay una demanda de cambio, de orden y progreso, que son las dos variables clásicas de la derecha y que, en este caso, aplican perfectamente al lema de Brasil. Orden tiene que ver con la seguridad, la violencia y la delincuencia, y eso tiene que ver con una demanda principal de la ciudadanía, porque la delincuencia es un gran impuesto a la actividad económica y a la libertad de las personas. También está la expectativa de una mejora económica, pero no basta ser de derecha para proseguir políticas económicas liberales. Y el mejor ejemplo de ello es el de Donald Trump, que tiene una política proteccionista, que es más propia de la izquierda y de gobiernos socialistas, siendo muy intervencionista y muy poco condescendiente a las restricciones del poder, que son más de la democracia liberal. Algo similar pasa en El Salvador. Hay quienes califican a Bukele como un presidente de derecha. Desde el punto de vista de la seguridad, probablemente lo sea, pero desde el punto de vista de la política económica, de derecha no tiene nada. Entonces, en materia económica hay distinciones bien importantes en los líderes de derecha que se eligen. Se rompió aquello de que a la derecha se la asociaba a la liberalización, la competencia y el mercado, mientras que a la izquierda se la asociaba con el proteccionismo. Creo que esa barrera se ha ido difuminando y es algo bastante interesante.
-¿En qué aspectos económicos se diferencian los gobiernos de Milei y Kast de esto que menciona?
-El caso del gobierno de Javier Milei es muy interesante, porque no cabe duda que la agenda económica de su gobierno es de libertad, de desregular y romper la inercia en la intervención excesiva que caracterizaban a Argentina. Es un gobierno de estabilización macroeconómica, en un país fuertemente intervenido macroeconómicamente y con un desastre en términos de deuda e inflación. Y es un caso bien distinto en comparación con otros países. Parte de un piso de intervencionismo muy grande y no caben dudas de que, en materia de reformas económicas, tiene un sello liberal que es bienvenido. Milei tiene una característica especial, que es más idiosincrática, que es su estilo descalificatorio. Y esa parte no es muy liberal que digamos. El liberalismo tiene que ver con la humildad y el respeto institucional de los pesos y contrapesos. Esto me lleva también al caso de Brasil. La elección aún no está definida, pero el primer gobierno de Jair Bolsonaro no fue muy respetuoso con la democracia liberal, y esa distinción los liberales la debemos tener muy clara.
-¿Alcanza para atraer inversiones un cambio ideológico en los gobiernos o aún los mercados subestiman la capacidad de las nuevas administraciones para brindar alternativas distintas?
-Un cambio de signo hacia un gobierno de derecha no garantiza políticas que sean promercado. Y los inversionistas buscan libertad y expectativa de buenos retornos. Ahora, si este piso está, un gobierno que empuje reformas promercado es necesario, pero no suficiente, porque al final del día la pregunta que se hace el inversionista que quiere invertir a largo plazo, es qué ocurrirá cuando cambie el gobierno. Y eso nos lleva a las instituciones. Entonces, lo importante es que los cambios queden bien anclados y sean perdurables, que entreguen certezas, que haya garantías. Esa es la llave para que las cosas duren más allá de un gobierno. Y esto es parte del desafío que tiene Argentina por delante.
-¿Dónde están los principales obstáculos que enfrentan las economías de la región a la hora de crecer por encima de la media de los últimos 10 años? ¿Hay responsabilidades compartidas entre los gobiernos de izquierda y derecha en este punto?
-Por supuesto. Esto lo veo en el caso de Chile, pero también ocurre en Uruguay. Es muy importante entender que, para tener mayor inversión local, y por esa vía generar crecimiento para tener más emprendimiento e innovación, se necesitan incentivos. Los economistas creemos en los incentivos. Si uno no cambia la estructura de incentivos, para que haya mayor inversión y crecimiento, este resultado no va a llegar por simples declaraciones. Hacen falta hechos y no palabras. Entonces, la estructura de incentivos, que son las reglas de juego que enfrentan los inversionistas, se llama reformas. Si los países no son capaces de hacer reformas que cambien la estructura de incentivos, al mismo tiempo de señalizar que esos cambios son duraderos, es muy difícil esperar resultados distintos. La clave es tener un reformismo ambicioso, institucional y que perdure.
-¿Y qué instrumentos cree que son claves a la hora de plantearse estas reformas que menciona?
-Están los temas tributarios e impositivos. Los países compiten por atraer inversiones y la carga tributaria es una variable importante. No se trata de llevar el impuesto a cero, pero se trata de alinearlo competitivamente con otros países con los que se compite. Ese es el cambio que hizo Chile en una reciente reforma. Un segundo camino es dar certezas de que los cambios perduran. Allí está el mecanismo de invariabilidad tributaria, que implica que una tasa no se va a modificar dentro de los próximos años. En este tema también es importante el área regulatoria.
-¿Cómo se construye hoy en día un respaldo social para impulsar esta agenda de cambios y lograr convencer al electorado de que se trata de algo positivo, pero que requerirá tiempo?
-Esta es la gran pregunta. En el papel se pueden identificar muy bien las reformas que son necesarias para cambiar la estructura de incentivos y apostar a resultados distintos. Otra cosa es la materialización política, que conlleva reformas que pasan por los congresos y requieren negociaciones, que van de la mano de la percepción que tienen los políticos de ambos lados, sobre cómo percibe la ciudadanía estos cambios. Para llegar a la población con estos cambios, lo primero es comunicar simple. Cualquier persona, independientemente de su orientación política, puede entender que, si seguimos haciendo lo mismo, no podemos esperar resultados distintos. Lo segundo es hablar con la verdad y no esconder la pelota; decirle a la población qué significan los cambios que se proponen, qué sacrificios tienen y cuáles serán los beneficios. Hay que tender un puente para que la ciudadanía se empape con ese cambio, y esto es muy relevante. Por último, algo fundamental es buscar desideologizar las reformas y plantearlas más bien como cuestiones estrictamente necesarias, dados los distintos entornos de cada país de la región. En definitiva, las baterías de reformas deben insertarse en una visión estratégica de largo plazo, que rebase del gobierno y tenga una épica y una mística que muestre hacia dónde se quiere llegar.
Para atraer inversiones “no alcanza” con estabilidad y reglas de juego claras
-En lo que es atracción de inversiones, Uruguay brinda seguridad jurídica y reglas de juego claras. ¿Hoy eso alcanza para diferenciarse en la región a la hora de competir por atraer capitales, o hacen falta cambios con mayor profundidad?
-Claramente falta. La seguridad jurídica y las reglas de juego claras son condiciones necesarias, pero no suficientes. Cuando se mira la tasa de inversión del orden de 16% del Producto Interno Bruto (PIB), es algo muy bajo. Es imposible esperar que Uruguay crezca de manera permanente más allá del 1,6% con esa tasa de inversión. Esa tasa debe estar en el 20% sobre el PIB. En Chile, la tasa de inversión es 24%. Con 16% no alcanza. El desafío principal es atraer inversión, y la estabilidad política e institucional es un primer piso y un activo muy importante, porque otros países no lo tienen, pero no alcanza. Hay que construir el segundo y el tercer piso, y para ello se necesitan incentivos adicionales para que esa inversión llegue al país y se desarrolle. En este punto es importante revisar regulaciones, para hacer más fácil el camino que se debe recorrer. No se trata de eliminar estándares regulatorios, sino de hacer más expeditivos algunos trámites.