Nació en Montevideo el 6 de enero de 1988 y su interés por viajar, conocer otras culturas y relacionarse con personas de distintos lugares lo llevó a estudiar Estudios Internacionales. Siempre le llamó la atención descubrir otras realidades y entender cómo se vinculan las personas en diferentes partes del mundo. Al mismo tiempo, el negocio familiar estuvo presente desde que era chico, por lo que, con los años, fue encontrando una manera de combinar aquellos intereses con su recorrido profesional.
Sus primeros acercamientos al trabajo llegaron alrededor de los 16 años, cuando comenzó a colaborar en una agencia del mismo rubro que Formisur, que pertenecía a su abuelo materno. Aquella experiencia le permitió conocer la actividad desde adentro y empezar a entender cómo funcionaba el negocio. Con el tiempo, su abuelo vendió esa empresa, que luego se transformó en otra. Sin embargo, el vínculo de García con el sector ya había comenzado y terminaría convirtiéndose en parte de su propia historia.
En paralelo, su padre construía Formisur desde abajo, con mucho trabajo, perseverancia y espíritu emprendedor. García creció viendo ese esfuerzo y comprendiendo lo que significa desarrollar una empresa desde sus comienzos. Desde 2012 trabaja en Formisur de manera ininterrumpida. Su incorporación fue, en buena medida, un proceso natural: el acercamiento al rubro a través de su abuelo y el ejemplo de su padre fueron abriendo un camino en el que encontró la oportunidad de aportar su mirada, seguir aprendiendo y contribuir al crecimiento de la empresa familiar.
De Formisur valora, ante todo, su historia y lo que representa para su familia. Es una empresa construida con esfuerzo, compromiso y perseverancia, y formar parte de ese recorrido es algo que lo enorgullece. En el trabajo cotidiano, disfruta especialmente del vínculo con las personas, de generar relaciones comerciales de confianza y de buscar nuevas oportunidades. Considera que los negocios no se sostienen únicamente en una operación puntual, sino en la capacidad de construir relaciones que perduren en el tiempo.
“Creo que los negocios se construyen a largo plazo, cumpliendo con la palabra y entendiendo las necesidades de quienes confían en nosotros”, sostiene. Esa forma de entender el trabajo implica escuchar, responder a los compromisos y tener presente que detrás de cada empresa hay personas. También supone reconocer que la confianza no se consigue de un día para el otro: se construye con constancia y se sostiene en cada vínculo.
Uno de los principales desafíos de Formisur es acompañar la evolución del mercado y anticiparse a las necesidades de sus clientes. La empresa viene creciendo a pasos agigantados y ese impulso lleva a proyectar nuevos espacios de almacenaje para responder a una demanda creciente. García destaca tanto el vínculo con clientes de gran porte que trabajan con la compañía desde hace muchos años como la llegada de nuevas empresas que se acercan, consultan y comienzan a confiar en sus servicios.
Ese crecimiento plantea la necesidad de prepararse para lo que viene, ampliar la capacidad de respuesta y seguir desarrollando el negocio sin perder de vista aquello que lo distingue. Para García, el desafío no pasa solamente por crecer en volumen, sino también por mantener la cercanía con los clientes y la calidad de las relaciones que la empresa ha construido a lo largo de su trayectoria.
En ese camino, también identifica oportunidades para fortalecer el diálogo y la colaboración entre el sector empresarial y el gobierno. Considera importante que existan más espacios donde las empresas puedan plantear sus desafíos, compartir experiencias y trabajar junto con otros actores para impulsar el desarrollo de una actividad que está en permanente movimiento. La posibilidad de intercambiar perspectivas y generar colaboración aparece, así, como una herramienta para acompañar los cambios del sector.
La tecnología y la inteligencia artificial (IA) forman parte de esa transformación. En Formisur ya están incorporando herramientas que buscan optimizar procesos, mejorar la eficiencia y contribuir a una mejor toma de decisiones. García entiende que su potencial puede abrir nuevas posibilidades para la empresa, siempre que su incorporación se acompañe de una mirada clara sobre el papel que cumplen las personas.
“La tecnología puede transformar la manera en que trabajamos, pero el compromiso, la cercanía y la calidad de las relaciones siguen siendo esenciales”, afirma. Para él, la clave está en encontrar un equilibrio entre innovación y experiencia, entre las nuevas herramientas y los valores que acompañaron a Formisur desde sus comienzos. La tecnología puede cambiar la forma de trabajar, pero no debería desplazar el vínculo humano sobre el que se construye el negocio.
Las enseñanzas que vienen de casa
Cuando repasa los aprendizajes que marcaron su recorrido, García vuelve inevitablemente a su familia. Su abuelo Osvaldo ocupa un lugar especial porque fue quien lo acercó al rubro y despertó su interés por los negocios. De él recuerda la curiosidad por entender cómo funciona una actividad desde adentro, observar sus mecanismos y aprender a reconocer oportunidades.
De su padre, en cambio, destaca el valor de construir desde abajo, con esfuerzo, perseverancia y convicción. Ver cómo desarrolló Formisur le enseñó que emprender supone asumir desafíos y seguir adelante incluso cuando el camino no es sencillo. La constancia, en ese sentido, no es solamente una cualidad deseable: es parte del trabajo cotidiano que exige sostener una empresa y hacerla crecer.
Su familia ha sido un apoyo fundamental a lo largo de su vida. Sus padres, sus hermanos Martín y Magdalena y sus tíos forman parte de ese núcleo cercano del que reconoce haber recibido enseñanzas y acompañamiento. Al mirar su recorrido, entiende cuánto de lo que es hoy tiene que ver con esos ejemplos y con los valores que fue incorporando a lo largo de los años.
También tiene muy presente una serie de aprendizajes que trascienden el ámbito familiar. Con el tiempo entendió que las cosas que realmente valen la pena llevan tiempo, trabajo y constancia; que una empresa no se construye de un día para el otro, y que la confianza tampoco. Cumplir con los compromisos, escuchar, rodearse de buenos equipos y mantener la humildad para seguir aprendiendo son aspectos que considera esenciales para avanzar.
Una historia que también está en los objetos
El escritorio de Osvaldo no es el único recuerdo que conecta a García con su historia familiar, pero sí es uno de los más presentes en su día a día. Tenerlo en la oficina le permite mantener cerca la memoria de su abuelo y de todo lo que significó en su vida. Para alguien que valora los objetos que guardan una historia, ese mueble tiene un sentido que va mucho más allá de su función.
En una empresa familiar, los recuerdos también forman parte de la identidad. Representan a quienes estuvieron antes, las decisiones que tomaron y el esfuerzo que permitió llegar hasta el presente. El escritorio funciona, en ese sentido, como un vínculo cotidiano con ese legado y con las personas que ayudaron a construirlo.
Fuera del trabajo, la música ocupa un lugar importante. García toca la guitarra y el bajo, dos actividades a las que dedica tiempo porque disfruta de verdad. “Es mi cable a tierra”, resume. La música le permite desconectarse de la rutina, expresarse y recargar energías, pero también compartir una pasión con amigos. No es solamente un pasatiempo: es una forma de mantener vivo un entusiasmo que lo acompaña desde hace años.
Sus preferencias van por el rock pesado y el heavy metal. Iron Maiden es su banda favorita, una referencia por la energía, la identidad y la potencia de su música. También le atrae la combinación entre la disciplina que exige tocar un instrumento y la libertad que ofrece la posibilidad de expresarse a través de él.
Otra de sus aficiones es la saga de El señor de los anillos. Le gusta el universo que construye y las enseñanzas que deja, pero también el vínculo que genera entre quienes comparten esa historia. Conversar sobre los personajes, intercambiar interpretaciones y compartir teorías forman parte del disfrute. Es, a su manera, otra forma de generar conexiones con otras personas a partir de un interés común.
Y hay una ilusión que todavía lo acompaña. De chico quería ser jugador de básquetbol y, aunque su recorrido tomó otro rumbo, asegura que esa esperanza sigue intacta. Es un detalle que deja ver una faceta más personal, detrás de la responsabilidad que supone su trabajo en la empresa familiar.
Su familia también tiene un lugar central en el tiempo que reserva para sí mismo. Está en pareja con Josefina y disfruta de la cercanía con sus padres y sus hermanos Martín y Magdalena. Además, sus hermanos le dieron uno de los títulos que más disfruta: el de tío. Es un rol que vive con mucha alegría y que se suma a los momentos compartidos con quienes forman parte de su círculo más cercano.
El futuro, con los pies en el presente
Cuando imagina dónde le gustaría estar dentro de diez años, García piensa en una Formisur más consolidada, preparada para los desafíos que vengan y fiel a los valores que la trajeron hasta acá. El objetivo es sostener el crecimiento, proyectar nuevos espacios de almacenaje y continuar incorporando clientes, sin perder el trato directo que considera uno de los grandes diferenciales de la empresa.
A medida que el negocio evoluciona, mantener esa cercanía con clientes y colaboradores exige atención y compromiso. Para García, cuidar la esencia de Formisur es tan importante como prepararla para el futuro. La empresa puede incorporar herramientas, ampliar su capacidad y abrirse a nuevas oportunidades, pero la confianza y la calidad de las relaciones deben seguir ocupando un lugar central.
También le gustaría que Formisur pudiera acompañar el desarrollo del sector a través de más instancias de intercambio con otros empresarios y con el gobierno. La idea de crecer no se limita a la propia empresa: incluye la posibilidad de contribuir a una actividad más dinámica, en la que el diálogo y la colaboración permitan encontrar respuestas a desafíos compartidos.
En lo personal, sus planes pasan por seguir aprendiendo, viajar, conocer nuevos lugares y disfrutar de su familia y sus amigos. A más largo plazo, hay una idea que le entusiasma especialmente: crear una fundación o impulsar un proyecto que permita devolverle algo a la sociedad, en línea con los valores de la empresa y con el desarrollo del sector. Por ahora, reconoce que es una iniciativa que está «muy en pañales», pero le gustaría seguir dándole forma con el tiempo.
Su frase de cabecera resume esa manera de entender el recorrido: “Sin prisa, sin pausa”. Para García, las cosas importantes necesitan tiempo, trabajo y constancia. “No siempre se trata de avanzar rápido, sino de tener claro hacia dónde ir y seguir construyendo sin perder el rumbo”, reflexiona.
En su historia conviven el legado de su abuelo, el ejemplo emprendedor de su padre, el crecimiento de Formisur y los proyectos que todavía están por venir. Como el escritorio que conserva en su oficina, cada uno de esos elementos recuerda que lo que vale la pena construir lleva tiempo. Una empresa se construye de a poco; la confianza, también.