María Laura Rodríguez aseguró que el empleo y la recuperación de actividad son los grandes desafíos

EDICIÓN ESPECIAL 2020

María Laura Rodríguez, economista, responsable de asesoría económica, comunicación y medio ambiente de la Unión de Exportadores del Uruguay


La pandemia del covid-19 trajo consigo importantes desafíos para Uruguay en materia económica y también dejará huellas a futuro, modificando los hábitos del consumidor y las formas de trabajar. Ser un país competitivo y mejorar la inserción internacional son algunos de los objetivos fundamentales en ese contexto.

¿Cómo vislumbra el 2021 en materia económica, teniendo en cuenta el contexto por el que atraviesa el país y el mundo, como así también la desaceleración mundial de la economía?

La pandemia no llegó a su fin, pero el año pasado a esta altura no nos imaginábamos lo que iba a ser el 2020; al menos ahora sabemos a qué nos estamos enfrentando. Actualmente tenemos más conocimiento acumulado, hay vacuna –que en algunos meses llegará a Uruguay- y podemos tener una certeza mayor de que se podrá superar la situación actual. Los científicos dicen que la vacuna no será la solución total, pero es relevante tenerla en el horizonte en momentos en que hay varios países que están volviendo a las cuarentenas obligatorias y en Uruguay estamos viviendo una situación bastante complicada.

También hay otras certezas para 2021: las tasas de interés internacionales continuarán bajas al menos hasta 2022, por lo que el costo del financiamiento será bajo y ayudará a impulsar las inversiones. Seguramente, una buena proporción de esas inversiones se destine a países emergentes con buena calificación crediticia y reputación como el nuestro.

En el terreno de las incertidumbres, tenemos si Uruguay puede captar una porción de esa inversión internacional, dado nuestros altos costos internos y nuestro limitado acceso preferencial a los mercados. También es incierto el impacto que tendrá la pandemia en 2021 tanto en Uruguay como en el mundo, ya que en principio habrá varios meses afectados.

Las proyecciones de organismos internacionales apuntan a una recuperación de la actividad a nivel mundial, que será más lenta de lo pensado inicialmente, esperando volver a niveles de 2019 recién en 2022, aunque en algunos casos puede llevar más tiempo. Para Uruguay se prevé un crecimiento en 2021, luego de la caída de este año, pero sin duda no será un año sencillo. La temporada turística está muy comprometida, no hay una salida clara de la situación económica de Argentina y nuestros mercados no han recuperado una demanda sostenida.

¿Cuáles son los desafíos más relevantes que tiene por delante la economía uruguaya?

Creo que la generación de empleo y la recuperación de actividad son los grandes desafíos en este momento tras el impacto de la pandemia. Sin embargo, para lograrlo es necesario mejorar tanto nuestra competitividad como nuestra inserción internacional.

En materia de competitividad de precios, se dio cierta mejora frente a países fuera de la región, pero con respecto a la región estamos muy caros. Cuando se levanten las restricciones de movilidad va a ser una dificultad importante. Por otra parte, hay perspectivas de menores niveles inflacionarios, pero también de debilitamiento del dólar a nivel internacional. En ese sentido, es probable que mantengamos los precios relativos sin grandes cambios y se haga más necesario trabajar hacia adentro intentando bajar costos.

En materia de inserción internacional es necesario salir más agresivamente a buscar acuerdos comerciales. Antes de la pandemia ya teníamos estos desafíos, ahora son más urgentes y relevantes.

La pandemia dejará huellas, probablemente habrá cambios en los hábitos del consumidor y en la forma de trabajar. El teletrabajo y el uso de la tecnología estarán más presentes, seguramente haya una mayor valoración por el cuidado ambiental y de la salud. Esto implicará cambios en la demanda que pueden convertirse en oportunidades si nos adaptamos a esos cambios y adecuamos el sistema educativo para la nueva demanda laboral.

A nivel del sector público, sigue vigente la necesidad de mejorar el resultado fiscal para evitar una trayectoria de endeudamiento insostenible, algo que seguramente quedará pendiente para la pospandemia. En este aspecto, es bienvenida la discusión de la reforma previsional para comenzar a revertir factores estructurales que inciden en los resultados fiscales.

¿Cuáles son las fortalezas que tiene nuestro país en este momento tan complicado del mundo, y que repercute en todas las economías y en la mayoría de los sectores?

Uruguay es reconocido en el mundo por su seguridad jurídica, por cumplir con los contratos, por su estabilidad política y macroeconómica, aunque haya algunas variables que hay que mejorar. Estas fueron, durante la pandemia, fortalezas, a las que se sumó un buen manejo de la situación sanitaria, al menos hasta octubre, cuando el mundo entero estaba hablando del caso de Uruguay.

También ha sido una fortaleza para el país el tipo de exportación que tiene, basada en alimentos y productos de primera necesidad. Esto ha permitido sostener buena parte de la exportación, a diferencia de otros países que tienen otra estructura productiva.

¿Qué amenazas percibe en el horizonte y qué aspectos hay que resguardar para que los efectos de la pandemia sean lo más leves posible para la economía?

La gran amenaza a nivel comercial es un mundo más cerrado, más proteccionista, más pequeño en cuanto a nivel de actividad y más exigente. Pero en algunos aspectos la amenaza se puede convertir en oportunidad. En el caso de mayores exigencias ambientales, si nosotros como país contamos con bienes y servicios con la calidad y certificaciones necesarias, nos podemos posicionar mejor en ese mercado.

Uruguay viene trabajando bien este tema: se creó el Ministerio de Ambiente, tenemos una matriz de energía eléctrica basada en energías renovables, existen innumerables iniciativas de reciclado, economía circular y economía verde. Es necesario potenciar lo anterior y mostrarlo más.

Por otra parte, hemos visto que la pandemia no frenó el avance de los acuerdos comerciales bilaterales, multilaterales y entre bloques. Esto nos deja en desventaja frente a competidores que se movieron más rápido y nos aleja de las cadenas globales de valor. Lo que tenemos que resguardar son las fortalezas mencionadas en la pregunta anterior.

¿Cómo observa lo hecho por la actual administración en materia de inserción internacional? ¿Nota avances? ¿Qué más se podría hacer?

Se están haciendo esfuerzos, pero es necesario avanzar más rápido porque el mundo no espera. Durante la pandemia se concretó la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), un acuerdo que involucra a varios países asiáticos y de Oceanía incluyendo a China, que es nuestro principal destino de exportación. Con acuerdos de este tipo se nos hará cada vez más difícil competir.

A nivel nacional hubo una apuesta fuerte por la firma del acuerdo Mercosur-Unión Europea, pero una vez más hay dudas con relación a su concreción, por lo que será necesario mucho diálogo entre las partes y dentro del propio Mercosur para lograrlo.