Sociedad
Lo clave de la IA no es si se usa, sino para qué, aseguró Arim, director de OPP
El Estado debe “orientar” incorporación de la IA y “priorizar” agro, salud y educación
Rodrigo Arim presentó el recién creado Instituto Vidart y la adhesión del país a la evaluación de competencias de adultos de la OCDE como herramientas para enfrentar un cambio tecnológico cuyo impacto en la productividad y el empleo considera muy incierto. Advirtió que América Latina capta apenas el 1,1% de la inversión mundial en el área y, ante las enormes economías de escala del sector, reclamó acuerdos regionales estables para compartir infraestructura, equipos y agendas de investigación.
Fecha de publicación: 16/10/2026
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Redacción

Para Arim, director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), no alcanza con estimular la adopción de inteligencia artificial (IA). “No solamente es incentivos a incorporar, sino incentivos sobre qué incorporar”, dijo en entrevista con CRÓNICAS tras la 11ª Cumbre Ministerial del Programa Regional de la OCDE para América Latina y el Caribe, dedicada a la innovación inclusiva y la revolución de la IA, que se realizó en Montevideo los días 29 y 30 de setiembre.

La IA, explicó, es una “tecnología de plataforma”: sirve para una consulta trivial a un chatbot, para automatizar procesos o para complementar habilidades humanas, “y el resultado es bien distinto”. Por eso, su uso no es “un dato de por sí particularmente útil”, expresó, y agregó: “El tema es para qué”. En salud, por ejemplo, la IA logra diagnósticos a veces más exactos que algunos análisis clínicos tradicionales, y los enfermeros que accedan a ella podrían ampliar sus tareas y ser más productivos. En otros casos habrá automatización, “como lo hubo en todas las oleadas tecnológicas”.

Ahí ubica el rol del Estado: orientar hacia áreas definidas en diálogo con empresas, academia y el conocimiento internacional. “Ser capaces de priorizar”, agregó, sería la acción subsecuente. El gobierno eligió tres prioridades: la educación, donde el Plan Ceibal se articulará con el nuevo centro de IA; la salud, con un enfoque que combina bienestar y posibilidades productivas; y el agro, del que depende “en buena medida” que el país se siga desarrollando “de manera cohesionada”.

Un instrumento de esa estrategia es el Instituto Vidart, Centro Nacional de Inteligencia Artificial, lanzado en setiembre y previsto en el Presupuesto Quinquenal. Funcionará como plataforma que articule al sector privado, las políticas públicas y la investigación académica en proyectos concretos. Arim lo definió como “una innovación en sí misma”.

La otra pata son las mediciones. A propuesta de la OPP, Uruguay se sumó a través del Inefop a la evaluación de competencias de adultos de la OCDE, una suerte de PISA para adultos, según lo definió el mandatario. No mide el uso de IA, pero al ser periódica mostrará cómo responde la población a un mercado laboral en transformación. Permitiría, por su formato estandarizado, generar comparaciones que ubiquen a Uruguay con respecto al mundo desarrollado: “Es ese espejo al que tenemos que apuntar”.

Uruguay y la región en medio de la transformación tecnológica

Esas mediciones, explicó, apuntan a “prepararnos ante esto que todavía no conocemos”, porque la dispersión de los pronósticos sobre el impacto de la IA en la productividad y el empleo “es muy grande”. “Estamos navegando en un mundo de incertidumbres, y en un mundo de incertidumbres hay que construir capacidad para entender lo que va sucediendo e ir cambiando los pronósticos sobre la marcha”.

América Latina “no está liderando este proceso”, tiene menos estudios que otras regiones sobre el impacto esperable y es tan heterogénea que generalizar implica “enormes riesgos de cometer errores”. Según la Cepal, capta el 1,1% de la inversión mundial en IA, aunque sus economías pesan, estimó Arim, entre 7% y 8% del PIB global. “Sería una tontería pensar que Uruguay tiene la capacidad de moldear todo el cambio tecnológico”, consideró, pero ubicó la oportunidad en los nichos de especialización. “¿Vamos a ser nosotros quienes marquemos la agenda de la IA en el mundo? Por supuesto que no. ¿Somos capaces de generar tecnología innovadora a escala mundial en algunos nichos específicos? Por supuesto que sí”.

Como hay economías que invierten recursos fuera del alcance de cualquier país del continente, y más aún de uno pequeño, el entrevistado consideró “clave” buscar complementariedades para usar infraestructura, compartir equipos y “hacerse preguntas en conjunto”. Admitió que la integración regional no lo ha planteado con suficiente fuerza y que la inestabilidad política dificulta acuerdos duraderos. Propuso usar el acuerdo Mercosur-Unión Europea para una agenda de complementación tecnológica y colaborar de forma más sistemática en América Latina.

El gobierno observa la revolución tecnológica, pero actúa con “mesura”

Consultado sobre la inquietud que generaron renuncias de desarrolladores de grandes empresas de IA y pedidos de sus directivos de regular la tecnología ante eventuales riesgos existenciales, Arim dijo que el gobierno “por supuesto” acusó recibo: “Es nuestra obligación estar monitoreando este tipo de intercambios”.

A su juicio, el debate muestra que el mundo deberá definir “los mejores marcos” para que el desarrollo tecnológico tenga un impacto positivo sobre el bienestar. Pero Uruguay “no puede, bajo ningún concepto, reaccionar de manera impulsiva”: debe construir marcos para desarrollar la tecnología en sus nichos relevantes, monitorear y seguir cómo se posicionan los actores internacionales ante el cambio tecnológico y su gobernanza. “Con esa mesura y con esa actitud inteligente creo que Uruguay tiene que moverse en este momento”.

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Rodrigo Arim
Buenos Aires 484, CP 11000, Montevideo, Uruguay
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